A catalanófobos, juicio justo y carta por la mañana

julia

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Estimada, o no:

En el instante en el que decides escribir tuits ofensivos y que se alejan por completo de cualquier conocimiento lingüístico, como el que pongo de ejemplo, hay en este planeta unos 7.468.563.400 de personas. Ponle unos miles arriba si te da por escribir otro tuit xenófobo más y gastar el precioso tiempo con el que la vida nos ha dotado. Y es que el crecimiento poblacional de este año está en torno a los 77 millones de personas. Para que te hagas una idea de los cambios que experimenta este planeta, a las 9 de la mañana de hoy se han producido unos 150.000 nacimientos y unas 63.000 muertes. ¿Te da eso una idea de lo pequeñita que eres? Pues ahora, súmale los millones de personas que han pasado por este planeta desde que el ser humano tuvo una ligera apariencia con brazos, piernas, cerebro y unas irreprimibles ganas de seguir durmiendo por la mañana.

Eres pequeñita. Como yo. Como todas las personas a las que amas o, en el peor de los casos, odias. Pero que seas pequeñita en medio de esos millones y millones de personas no te convierte en insignificante.

Estoy seguro de que intentas satisfacer tus necesidades maslowianas: fisiológicas, de seguridad, sociales, de autoestima y de autorrealización. También estoy seguro de que defiendes tu identidad y de que no te gusta que nadie la cuestione. Es una identidad que has forjado a lo largo de los años, incluso cuando eras un bebé y el cambio de pañales te proporcionaba un punto de conexión emocional con tu benefactor o benefactora. Forjaste también tu identidad cuando tu madre o tu padre te dieron el primer beso con el calor de quien te quiso considerar importante.

También estoy seguro de que has tenido unos años de formación escolar, de que has leído (sí, soy optimista), has escuchado a personas interesantes, te has rodeado de amigos, quizás tienes una pareja sin la que te cuesta imaginarte una vida igual de feliz, has visto películas, has ido al teatro y, por supuesto, has escuchado en tu casa, en la escuela o en la calle, una lengua, TU LENGUA. Y es la lengua con la que has estructurado tu pensamiento, te has comunicado, has soñado y, en definitiva, has vivido. Y esa lengua es una parte muy importante de tu identidad, de esa identidad que define tu relación con el mundo. Seguramente no será tan importante como otras lenguas que enseñan en academias para que viajar al extranjero no se convierta en una estancia en la inopia.

Pues bien, el catalán forma parte de la identidad de muchas personas. ¿Cuántas? Al final, da igual. ¿Muchas? ¿Pocas? En la medida en que es una parte extraordinariamente importante de unas cuantas personas ya resulta útil, válida, relevante y, sobre todo, respetable. Podría decirte que es una lengua que ha generado una comunidad de hablantes superior al finés, al danés o al sueco, pero si no sabes distinguir un dialecto de una lengua, tampoco sabrás enfrentarte a la trampa “una lengua, un Estado”. Entre otras cosas porque la ignorancia tiene la extraña manía de colocar una venda en los ojos y unos tapones en los oídos para que la gente camine a tientas en una realidad que le resulta ajena.

En definitiva, defiende tu lengua, tu identidad, tu condición integral de ser humano, a pesar de ser sólo un átomo en esos 7.468.563.400 de personas, pero ama a los seres humanos con la misma intensidad con la que amas a los animales o, sin saberlo, fusilarás algo tan rico como tu propia dignidad en tanto ser con brazos, piernas, cerebro y unas irreprimibles ganas de seguir durmiendo por la mañana, cuando ya se han producido 150.000 nacimientos y 63.000 personas se ganaron el derecho a que las recuerden con amor… o no.

#Àlex_Ribes

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