Eres más tonto que ponerle un cenicero a una moto

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Estimado, o no:

Esto del respeto viene a ser un poco como el sexo en grupo: muchos han oído hablar de él pero pocos lo han practicado. Según asegura el diccionario de la RAE, entre otros significados, el respeto está relacionado con la veneración o el acatamiento que se hace a alguien, e incluye miramiento, consideración y deferencia. Con el respeto, lo que se pretende es situarse en la misma posición que el otro. Es un poco como decir: “eres como yo, eres un ser humano, puedo no estar de acuerdo con lo que dices pero no te sitúo en un plano inferior a través del menosprecio o el insulto”.

Establecer los límites del respeto resulta complicado porque hay dos derechos que no siempre se llevan bien: el derecho a la libertad de expresión y el derecho al honor. Y así estamos, discutiendo sobre qué se puede decir en Twitter y qué es mejor abandonar al abrigo del silencio.

Tú podrías interpretar que la frase: “España es el país más viejo del mundo y no vamos a permitir que dos tontolavas catalufos nos lo arruinen” es una muestra de libertad de expresión. En cambio, como catalán e independentista, considero que me estás faltando al respeto porque es un ataque contra mi honor (en tanto ser humano). “Tontolava catalufo” es tan insultante como decir “tontolava murciano”. En justa medida, yo te podría decir: “eres más tonto que ponerle un cenicero a una moto” ya que, ni España es el país más viejo del mundo, ni el independentismo lo conforman dos “tontolavas catalufos”. Sin embargo, cuando una persona tiene al respeto como una brújula ética, la única posibilidad es la respuesta educada.

Podría haber publicado tus tuits con tu nombre y con los datos de tu cuenta en Twitter. Te recuerdo que Twitter es PÚBLICO. Es igual que poner una pancarta en un balcón o un tanga decorado con Bob Esponja a secar al sol. No te quejes si los vecinos te miran raro al día siguiente. Jamás lo hago (me refiero a lo de publicar datos de tuiteros. Lo del tanga, tampoco. El mío es de los Minions). La principal razón es que estoy convencido de que la intolerancia se debe denunciar pero sin adoptar discursos agresivos como pueden ser la humillación en las redes y el escarnio público, ya que invalida la petición de respeto.

No sé si eres consciente de que el timeline de tu Twitter es un museo de catalanofobia, homofobia, mala educación y faltas de ortografía. En el libre ejercicio de tus derechos como ciudadano, que vive en un estado supuestamente democrático, has decidido exteriorizar aquello en lo que te has convertido: catalanófobo, homófobo, mal educado e inculto. Estás en tu derecho. En la actualidad la decisión entre ser educado o irrespetuoso es la misma que entre ser culto o inculto. Sin embargo, creo que deberías trabajar un poco más la imagen que quieres mostrar en las redes sociales, porque ese país que declaras amar también es el conglomerado de lo que sus ciudadanos son o aparentan ser. Estoy convencido de que resultaría difícil abandonar el ideario de un Estado dispuesto a apostar decididamente por el respeto y por la cultura. Si a los catalanes se nos hubiese respetado nuestra cultura, nuestra lengua y nuestra aportación a la economía española, seguramente el exnovio de tu prima no hubiese experimentado tu rechazo en tanto independentista, ya que no lo sería, y habrías valorado aún más su disciplina higiénica… y tal.

En definitiva, si pudieses comprarte por lo que vales y venderte por el valor que crees tener, serías multimillonario. Y si no nos pasásemos el día pensando en la antigüedad de España, quizás nos daríamos cuenta de que estamos en el siglo XXI y de que existe el derecho hasta a equivocarse.

#Àlex_Ribes

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