47 millones de Carminas

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Estimado, o no:

Siento una enorme ternura por las frases: “no soy___________ (rellenar espacio en blanco) pero”. Y es que, ante el autoengaño, después viene la certeza de que, efectivamente, uno es lo que niega ser. Las frases como “no soy racista pero”, “no soy machista pero” o “no soy catalanófobo pero” acaban siempre constituyendo una frase racista, machista o catalanófoba. Echemos un vistazo a la Wikipedia. No soy vago cuando me documento pero me gusta consultar la Wikipedia. Ups…

El autoengaño es el proceso de negarse a racionalizar la relevancia, significancia, o importancia de evidencia contraria y argumentos lógicos que son opuestos a los propios. El autoengaño implica convencerse a sí mismo de una “verdad” (o la falta de la verdad) que no revela un autoconocimiento del engaño.

Decir que uno no es homófobo pero hacer saber al mundo su preocupación por el número de homosexuales que aparecen en las series es como decir “no odio a mi suegra pero ojalá deje de respirar. No… si lo digo porque tose mucho… Es por su salud… Yo soy buena persona… Ejem… Ejem…”. Vivimos en el reino de los autoengañados, cuando no de los fabricantes de engaños. Échale un vistazo al anuncio de la lotería de Navidad. Es una perfecta metáfora de lo que es este país. Carmina, una abuela que vive en su mundo de abuelas despistadas, cree que le ha tocado la lotería. Su entorno, en vez de hacerle regresar a la realidad, la introduce en una opereta que mezcla “El show de Truman”, “Goodbye Lenin”, “Bienvenido Mister Marshall”, las pelis de Frank Capra y “Noche de fiesta”, con José Luis Moreno a la cabeza.

Eso, vivamos del engaño. Ojos que no ven, corazón que no siente. Qué bonico es Don Mariano y qué bueno es el PP. Cómo mola la monarquía y su hit “el rey nos salvó el 23F”. Qué maravilloso es pensar que en los libros de Historia España fue un imperio, aunque ahora es de Amancio Ortega con su ligero pecadillo de esquivar 500 millones a las arcas del Estado. Pues nada, 47 millones de Carminas que tarde o temprano se toparán con la realidad porque, lo que no veremos, es cuando el hijo tenga que pedir un crédito y vivir a tuti plen para que la abuela no se traumatice después de ese gesto de amor maternal que es el regalo del décimo a su hijo. Precioso. En serio. Como las pensiones que someten a muchos ancianos al umbral de la pobreza.

En fin, estimado, o no: no te preocupes, ningún homosexual te tirará la caña. Tu mejor amigo no se volverá homosexual por culpa de las series de televisión y no te propondrá matrimonio. En las series hay homosexuales, heterosexuales, vírgenes con ganas de dejar de serlo y divorciados más quemados que la moto de un hippy. Lo llaman realidad. Variada, compleja, divertida, cruel y el mejor lugar para vivir y criticar los anuncios de la Lotería. No te volverás homosexual por ver “Will & Grace”, ni mafioso por ver “Boardwalk Empire”, ni psicópata por ver “Dexter”. Tampoco los niños creen que las esponjas marinas son homosexuales por mucho que Bob Esponja no se separe de Patricio. Bueno, déjame que me piense esto último. Mientras tanto sólo te pido que no escribas otro tuit con un inicio como “tengo muchos amigos homosexuales, pero…”.

Eso sí, no soy pedante pero te dejo una frase de Demóstenes:

frase-no-hay-nada-mas-facil-que-el-autoengano-ya-que-lo-que-desea-cada-hombre-es-lo-primero-que-cree-demostenes-109019

#Àlex_Ribes

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