Mi ombligo es redondito, pequeñito y muy mono

ombligo

Estimado, o no:

Tengo un ombligo precioso. En serio. Mi ombligo es… ¿cómo podría explicártelo para que lo entendieses? Es el mejor diseño biológico al que podría aspirar un cuarentón. Tengo un ombligo redondito, pequeñito, más mono él… De vez en cuando lo miro y pienso que es el puñetero centro del universo. Es el punto de anclaje sobre el que todo da vueltas. Dame las coordenadas de mi ombligo y te moveré el mundo. No hay nada más allá de mi ombligo. Es un ombligo solipsista que está convencido de que ha inventado el orden de las cosas. Y lo piensa con determinación porque mi ombligo es el origen y el fin de todo. Las leyes de la física sucumben cuando es mi ombligo el que irrumpe en la escena. E = mc2. Donde E es mi ombligo, m es mi ombligo y c es mi ombligo. Se trata de un ombligo relativo y absoluto al mismo tiempo. Es noche y día. Cielo e infierno. Tengo un ombligo precioso. Te lo he dicho, ¿no?

Supongo que a ti te debe pasar algo parecido. Tu ombligo debe ser más cómodo que un iPad, más útil que el WhatsApp y más placentero que un jacuzzi con burbujitas y velas. Tu ombligo es la máxima felicidad a la que puede aspirar un ser humano. Debe ser mirarlo y sentirte el humano más privilegiado de aquí, de allá, del planeta Tatooine y de los planetas que aún están por descubrir. Es que ombligo sólo hay uno.

El problema se origina cuando uno piensa que su ombligo es mejor que otros ombligos. Lo mismo podría decir del páncreas, del bazo, de la vesícula biliar, del miembro viril… o de la lengua materna. Por eso, ahora que leo el primer párrafo, me avergüenzo un poco de lo que he escrito. Quizás mi ombligo no sea el mejor. Al fin y al cabo, ni me mato a hacer abdominales, ni es igual que cuando tenía veinte años. Sigue siendo redondido, pequeñito y muy mono él pero hacer comparaciones con otros ombligos parece absurdo. A mí mi ombligo me resulta útil. Quizá a ti no te sirva para nada. Pero eso no significa que yo a mi ombligo no le tenga cierto aprecio. Adoro mi ombligo con todas sus imperfecciones (que también las tiene).

Es posible que suceda lo mismo con las lenguas. Te aseguro que a mí el Afrikaans o el Danés no me permiten resolver muchos problemas en mi vida diaria. Sin embargo, jamás me atrevería a decir que son más o menos cultos que el catalán o el castellano. Eso sí, a pesar de dejar claro que tanto el catalán como el castellano son dos idiomas preciosos (entre otras razones por su enorme tradición literaria) hay dos cosas que no voy a permitirte: que me toques la lengua catalana y que metas tu lengua en mi ombligo. Porque mi ombligo es pequeñito, redondito, muy mono él y tiene dignidad. Además, ¡¡¡ES MI OMBLIGO!!!

#Àlex_Ribes

Em pots seguir a

logotw  Twitter @blogsocietat 

Unknown Facebook

poster