Feliz cuñadismo 2017

juan

Estimado, o no:

¿Soy copropietario de España? ¡Gracias! ¡Me has dado la primera buena noticia del año! Procedamos a establecer entonces los límites de mi propiedad. Si España tiene 505.990.000.000 metros cuadrados y al finalizar junio del 2016 contaba con 46.468.102 habitantes, eso significa que me corresponden como copropietario la nada desdeñable cantidad de 10.888 metros cuadrados. ¡Toma ya el pedazo de jardín que me voy a construir!

No obstante, tengo una duda: ¿puedo elegir en qué lugar quiero tener esos 10.860 metros cuadrados? Puestos a elegir, prefiero contar con mar. No dudo que ser de Badajoz o de Palencia debe ser genial pero es que, como todavía el Tribunal Constitucional no ha impugnado las playas de Catalunya, a lo mejor me corresponde una calita de la Costa Brava. También espero que a mis vecinos les haya dado por construir autovías gratuitas, por no destrozar la sanidad pública, por fomentar un sistema educativo sin injerencias ideológicas y por mantener una eficiente red ferroviaria. En definitiva, lo que no hace el Estado español en Catalunya.

Por cierto, ¿he dicho que tenía una duda? No es verdad, tengo muchas. Por ejemplo, ¿los 10.888 metros cuadrados incluyen a las personas que quieran habitar dentro? Lo digo porque si quieres venir a mi propiedad en concepto de súbdito colonizado, lo podemos hablar. Te daré poco trabajo. No seré como esas personas que creen que Catalunya es tierra conquistada y que rodean sus prejuicios con todas esas paridas atávicas.

De todas maneras, esto de ser copropietario de España, no lo acabo de ver claro. A no ser que te refieras al concepto de España, en tanto ente abstracto, que sirve para hacer postales ridículas del tipo “con dos gotas de sangre y un rayito de Sol, hizo Dios una bandera y se la dio a un español”. Y es que, con dos gotas de sangre y un rayito de Sol, lo que tienes es una mancha de sangre reseca que debes quitar con detergente cuanto antes. Prefiero un “con dos rodajas de chorizo y un tranchette amarillo hizo Paco un bocadillo y se lo dio a un español”. No rima pero alimenta.

Mira, ¿sabes qué? No quiero ser copropietario de España. Como no quiero ser copropietario de ningún concepto. Ni del amor, ni de la justicia, ni de los sentimientos, ni de las emociones, ni de los pensamientos colectivos. Quiero ser libre, eso sí. Quiero votar. Quiero que todas las personas que viven en Catalunya, voten. Quiero que decidan si quieren vivir en una república catalana o en una monarquía española. A partir de esa decisión, ya vendrán otras. Por eso, de momento me quedo con los pocos metros cuadrados de mi piso (del que soy copropietario junto a mi pareja) y de los miles de metros cuadrados de este planeta de los que no soy copropietario sino usuario agradecido.

Déjame que acabe con un apunte histórico. El presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, envió en 1854 una oferta al jefe Seattle, de la tribu Suwamish, para comprarle los territorios del noroeste de los Estados Unidos que hoy forman el Estado de Washington. A cambio, prometió crear una reserva para el pueblo indígena. El jefe Seattle respondió un año después a través de una preciosa carta con fragmentos como éste:

¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña. Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos? Por eso, en caso de duda, quédate con la frescura del viento, el fulgor del agua y, sobre todo, con tu idea de multipropiedad. Prefiero pensar en cómo se organiza la gente para vivir en un país más justo y con mayor bienestar que en cómo repartir la tarta. Sobre todo cuando quienes la cortan llevan años quedándose con los trozos más grandes.

#Àlex_Ribes

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