Carta a Tomás Roncero @As_TomasRoncero

roncero

Estimado, o no, Tomás:

Estoy seguro de que cualquier filólogo te explicaría que tanto el castellano como el catalán son lenguas romances que proceden del latín vulgar. Si ese filólogo en cuestión viese en ti algo de interés por dejar de hacer el ridículo, quizá te explicaría las diferentes teorías que existen sobre el origen de las lenguas romances. Te hablaría de la teoría tradicional, de la teoría del superestrato, de la teoría de los sustratos, de la teoría de la fragmentación y formación de los dominios lingüísticos, de la teoría de la criollización o de la del estructuralismo diacrónico. Eso se produciría si realmente existiese algún filólogo con ganas de perder el tiempo.

El problema es que, desafortunadamente, hay muchos Ronceros en este país llamado España. Además, este excedente de Ronceros oculta a los genios, a los talentos, a las personas inteligentes de Badajoz, de Salamanca, de Murcia o de Catalunya que, día sí y día también, vuelcan su excelencia en la profesión que desarrollan. Y eso es injusto. Que no tengan la resonancia mediática que profesionalmente merecen es injusto. Ya sé que es la ley del mercado y que si las televisiones o los periódicos te conceden un espacio es porque atraes a la audiencia. También soy consciente de que una parte de tus 738.000 seguidores de Twitter te siguen porque creen que eres un personaje patético y risible; mientras que otros lo hacen porque realmente eres para ellos un referente ideológico. Pero, que quieres que te diga, desde la humildad del pequeñito espacio de mi blog, sólo puedo manifestar mi más profundo desprecio al personaje que has creado. Porque, te guste o no te guste (y guste o no a tus seguidores) tengo todo el derecho del mundo a despreciar al personaje público llamado Tomás Roncero que se dedica, precisamente, a menospreciar. Digamos que mi desprecio es un espejo de tu desprecio, como mi admiración por otras personas es el espejo de su excelencia. Desprecio que desprecies mi lengua, mi cultura, mi identidad. Desprecio que hagas gala de esa profunda ignorancia y que los medios de comunicación te concedan el privilegio de un micrófono o de una cámara para verbalizar tu odio, desprecio que en España no se den las mismas oportunidades a jóvenes recién salidos de la Facultad de Periodismo que estoy seguro que pueden aportar bastante más a la profesión que un histrión como tu personaje. Y fíjate que hablo de personaje y no de persona. El cómo seas tú en tu vida privada me resulta completamente indiferente. Me da igual si eres un estupendo esposo, o padre, o amigo, o vecino. Me da igual. No tengo el más mínimo interés en saber si tiras la basura en el contenedor correcto, si pagas puntualmente tus impuestos, si ayudas a cruzar la calle a los ancianos o si has adquirido méritos suficientes para ser el próximo Premio Nobel de la Paz. Si es así, te felicito. Hablo del personaje Tomás Roncero. Un personaje que exterioriza, especialmente a través de la televisión y de las redes sociales, su desprecio por los demás, por la cultura (no sólo por la catalana, sino por la cultura en general), que presume de su ignorancia, que hace gala de una inteligencia emocional más propia de un histérico que de un profesional de la comunicación y, lo que es peor, que sirve de ejemplo, de mal ejemplo, para muchos jóvenes aficionados al fútbol.

Vivimos unos tiempos difíciles. Poco a poco hemos invertido los valores. La mediocridad, la estupidez, la imbecilidad, la ignorancia, la mala educación, los insultos, el odio se han ido adueñando del espacio público, en detrimento de la inteligencia, del talento, de los discursos constructivos, de la reflexión, de las ideas, del raciocinio. Nos olvidamos de las estrategias colaborativas para apostar por las competitivas; ninguneamos a aquellos que no piensan como nosotros, en vez de intentar comprender su punto de vista; presumimos de dialogantes mientras pisamos los cuellos ajenos con nuestra prepotencia; invertimos esfuerzos en demostrar que somos los mejores y no nos damos cuenta de que hace años que dejamos de serlo (si es que alguna vez lo fuimos)… Es triste, muy triste. Es triste que existan unos altavoces tan potentes para los detritos intelectuales. 

Pero no hay que perder la esperanza. Hay una generación detrás esperando oportunidades. Ojalá sea capaz de devolver a los Ronceros del lugar del que jamás deberían haber salido.

#Àlex_Ribes

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