El rito de apareamiento de la babosa banana

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Estimado, o no, Mariano Rajoy:

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No sé si has oído hablar de la babosa banana. Este animalejo tiene un extraño hábito de apareamiento que me gustaría explicarte. Posee un enorme pene, de unos 15 a 20 centímetros, si queremos ser más exactos. Para que te hagas una idea, es el tamaño aproximado de su cuerpo. Si tú mides 1,90 cm. imagínate los calzoncillos que deberías llevar para enrollarte semejante miembro. Una ensaimada de Mallorca para los componentes de toda una selección de rugby es la metáfora visual más aproximada, supongo.

Las babosas banana son hermafroditas. Para aparearse correctamente, una babosa tiene que escoger una pareja que sea de su tamaño. Si calcula mal, su pene se queda atascado durante la copulación; entonces, la otra babosa le arranca el pene de un mordisco. ¡Ñam! Una vez que le arrancan el pene, pasa a ser sólo hembra. Vamos, que a través de un mordisco se consigue acabar con el heteropatriarcado babosil (por favor, no envíes esta carta a Femen). ¿Por qué te explico esto, pensarás? Por una sencilla razón: en el caso de la babosa banana, los ritos de apareamiento necesitan una precisión quirúrgica. Cualquier error puede suponerle un doloroso mordisco.

Yo soy catalán e independentista. Y tengo un pequeño defecto (aunque quizá sea una virtud): soy un ser humano. Y si alguien me quiere tener a su lado, se lo tiene que currar un poquito. Eso sí, también soy plenamente consciente de que si quiero compartir un proyecto con alguien (laboral, sentimental, de amistad, etc.) yo también me tendré que esforzar. Quid pro quo. Yo te doy lo mejor que tengo y tú me das lo mejor que tienes. A partir de aquí, creamos un espacio común que nos favorece. Win-win.

También he aprendido en estos años de madurez que las ofertas deben ser atractivas. Con esto te quiero decir que si a una babosa banana se le ocurre tirar la caña a otra babosa banana con la frase: “tengo un pene enorme y me vas a querer, te guste o no te guste, porque me molas mucho y eres mía, mira tu DNI, bananufa, habla en castellano y no protestes que te envío al Constitucional”, corre el riesgo de ver cómo la otra babosa le aplica una DUI a su pene “le guste o no le guste”.

No podemos obligar a nadie que nos quiera. Es una ley no escrita en las relaciones humanas. Shylock no pudo obligar a nadie que le quisieran. Ricardo III no consiguió ser Mister Simpatía. Y Yago no tuvo ni la más mínima posibilidad de que Otelo quisiese irse con él de vacaciones para celebrar su “amistad”. Si Shakespeare lo sabía hace tantos años, ¿por qué se os ha olvidado de repente?

A la gente se la conquista con afecto, con mimitos, con sinceridad, con un cheque en blanco de confianza… Lo saben hasta los niños pequeños cuando ponen mirada de gato de Shrek después de haber roto algo. Ni te envían a la brigada Aranzadi, ni se ríen de ti en Intereconomía, ni menosprecian tu lengua materna, ni te recuerdan día sí y día también que hay un libro llamado Constitución (Costitución para Soraya) bajo el que debes bajar la mirada y hacer una genuflexión en señal de respeto. ¡Que esto no es Juego de Tronos!

Y ahora, en una muestra de inteligencia emocional más propia de “Mujeres, hombres y viceversa” llega la Operación Precinto. Léase: día de referéndum, cinta policial en la entrada de un colegio, señor con bigote y cara de mala hostia diciéndote “vete a casa, a ti nadie te ha pedido que pienses y además opines” y la sensación de que a la hora de pagar impuestos “chachi piruli”, pero a la hora de levantar la mano y decir “esto no mola” lo único que tienes es una voz detrás tuyo, procedente de un señor con bigote y cara de mala hostia, gritando “¡ah, se siente! ¡Haber elegido nacer en otro sitio”.

No, Mariano. Vuestra oferta es “cállate, cállate. Te he dicho que te calles, hombre ya”. Vuestra oferta es la de una babosa banana, orgullosa de su miembro pero que de tanto mirárselo ya no sabe ver más allá. Llegado el caso, ¿qué pasará el día después de no poder votar? ¿Yo, catalán e independentista, me veré atacado de repente por las flechas del amor que me habrás lanzado? ¿Miraré a la Constitución con los mismos ojuelos que pondría Romeo ante Julieta? Volvamos a Shakespeare. Mira lo que le dice Romeo a Julieta:

Sea yo prisionero. Denme ahora la muerte,

que no hay más felicidad que servir tu deseo:

diré que aquella luz confusa no es el iris

del alba, sino un tenue reflejo de la frente de Cintia [diosa de la Luna].

Diré que no es la alondra la que rasga

con su canto la bóveda del cielo,

y que deseo permanecer, y no quiero dejarte.

Ven, ven, muerte: yo te saludo. Así ordena Julieta.

Hablemos, amor mío, que el día duerme aún.

¿¿¿Acaso le dice, tengo un pene de 20 cm??? ¿¿¿Le dice, te precintaré los colegios electorales para que me quieras mogollón??? ¿¿¿A que no??? Pues eso, Mariano. Pues eso.

#Àlex_Ribes

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