¿Dr. Strangelove?, volamos a otra Constitución

vidal

Estimado, o no, Alejo:

Tengo la teoría de que todos tenemos nuestro doble literario o cinematográfico. A partir de lo que desde Aristóteles se conoce como mimesis, el arte ha ido imitando a la naturaleza, ha sido el espejo en el que ver reflejados nuestros triunfos o derrotas. Y después de tantas novelas y películas, tengo la impresión de que, de alguna manera, nos podemos ver reflejados en un personaje en concreto. Así, hay muchos Peter Pans que se niegan a crecer y que buscan a Wendys que les protejan. Wendys que no son más que personas emocionalmente dependientes de Peter Pans inmaduros, machistas y primitivos. Hay Ricks que aún están enamorados de Ilsas que conocieron en su juventud. Y Lester Burnhams que se se masturban en la ducha pensando que cualquier día van a morir de aburrimiento si antes no encuentran una “american beauty”. Literatura y cine como edificios de obsesiones con forma de palabra o luz.

El caso es que tengo muy claro quién podría ser tu doble. Stanley Kubrick dirigió una magnífica película en 1964 que se conoce en España con el título de ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú. Es un magnífico film que trata de forma paródica la amenaza nuclear tan de moda en los sesenta. De todos los personajes el más hilarante es, sin duda, el de Dr. Strangelove, interpretado por el inolvidable Peter Sellers. El Dr. Strangelove es un científico que asesora al presidente y cuyo brazo agarrotado parece tener vida propia. Uno tiene la impresión de que en cualquier momento puede realizar el saludo nazi. Es como si el Dr. Strangelove llevara en su interior a un alien fascistilla que pugna por salir. Al final, este personaje que ha estado en todas sus escenas sentado en una silla de ruedas, se levanta llevado por la emoción y grita “¡Mein Führer, puedo caminar!” sólo un segundo antes de que las bombas nucleares empiecen a detonar. Es el fin de la Humanidad.

Fuera del marco de derecho español, se puede construir otro marco de derecho. Lo que sucede es que al marco de derecho español no le da la gana consultar a los catalanes sobre si prefieren otro marco de derecho. Por lo tanto, se está utilizando un marco de derecho para imponer. Y si la alternativa es la fuerza, el marco de derecho pierde toda su razón. Porque entonces no es derecho, sino imposición. Es el marco de la fuerza. Y si el 80% de los catalanes creemos que la única solución a este conflicto es un referéndum, quizás los Dr. Strangelove de este mundo deberían estar calladitos. Entre otras razones porque están pasados de moda, son anacrónicos y no tienen nada que ver con la democracia.

Y ahora te preguntarás, ¿el bloguero éste me está diciendo que soy un nazi como el Dr. Strangelove? No. El bloguero éste te está diciendo que leyendo el timeline de tu Twitter es fácil llegar a la impresión de que hay algo que intenta salir. Y no es una película Disney. Hay insinuaciones que no tienen nada que ver con ese marco de derecho del que hablas. Y es preocupante. Además, bastantes veces nos han llamado nazis a los independentistas como para caer en el mismo error. Elegancia, ante todo.

Por cierto, tienes un vínculo innegable con el Dr. Strangelove que no sé si muchas personas conocen: fuiste catedrático de Física Atómica y Nuclear. Como diría Gerard Piqué en sus tuits cuando pierde el Madrid: ¡Booom!

#Àlex_Ribes

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