Dar estopa

mario

Estimado, o no:

Cada vez me gusta más Twitter. De repente, la sociedad se ha desnudado y, para lo bueno o para lo malo, ha mostrado su verdadera cara. En 140 caracteres se pueden decir muchas cosas. Es posible ofrecer grandes ideas, frases ingeniosas y hacer pequeñas fotos con palabras. También se puede ofender, insultar, menospreciar, acosar y demostrar que en cuestión de convivencia aún queda mucho trabajo por hacer. Twitter es una gran plaza pública de mercaderes del odio, artesanos del engaño y feriantes de la demagogia. Y aunque sobre todo es un espacio común en el que cabe la hermosa posibilidad de tejer redes de intereses comunes, lo cierto es que anidan en este espacio virtual pajarracos de diversa índole que lo transforman en una forma más de decadencia.

Tú, estimado o no, te has desnudado. Y en este estado de despelote intelectual, has dibujado de una manera magistral la diferencia entre ser un fan y ser un fanático.  Y es que, aunque la palabra fan procede de fanático, lo cierto es que hay un abismo entre ser seguidor de un grupo musical, por ejemplo, y ser un fanático intolerante. No es lo mismo, estimado o no. Uno sigue aquello que le provoca un cierto placer, ya sea este placer intelectual, emocional o estético. Y con aquello que sigue conforma su identidad y su manera de mirar o entender el mundo. Nos podemos identificar con una escritora, con un grupo musical, con un pintora, con un político… Lo podemos seguir, abrir bien los ojos ante su presencia, poner toda nuestra atención en lo que dice y dejar que se adhiera a nuestra particular forma de relacionarnos con esta experiencia que es la vida. El fanático, en cambio, niega como punto de partida. Niega la diferencia, niega la existencia de aquello que se le antoja inaprensible, niega otros puntos de vista, niega otras culturas, otras lenguas. Y de tanto negar, acaba negándose a sí mismo.

Me resisto a pensar que, por el hecho de que un grupo como Estopa cante en catalán, deba ser objeto de rechazo. Es algo tan ruín, tan miserable, tan poco inteligente que me resulta muy complicado de interiorizar. Que los hermanos Muñoz, que son igual de catalanes que Lluís Llach, no puedan tener el derecho a cantar en catalán en este país que en demasiadas ocasiones tiene vocación castradora, y que se disfraza de mediocridad con pasmosa facilidad, es algo que llama a gritos al pesimismo.

Los siguientes versos los grabaron en el 2014 Joan Manuel Serrat y Estopa. Por mi parte, sólo me queda decirte que “me’n vaig a peu”.

Cal carregar la guitarra a l’esquena

i tornar a fer el camí

que un vespre gris remuntant la carena

em va dur fins aquí.

Les ones han de d’esborrar les petjades

que deixo en el teu port.

#Àlex_Ribes

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