Un día cualquiera en España

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Periodistas a sueldo de un cuento con reyes, escopetas y elefantes. Princesas de papel couché. Sonrisas tristes. Niños que nunca fueron niños y adultos que se olvidaron de serlo. Escándalos sexuales y dinero púbico. Titulares que son mentiras de tinta envenenada y photoshop como maquillaje de la realidad. Peluquines, caspa, gomina y hombres corbata que juegan a ser armas de destrucción masiva. A mí no me digas lo que he de beber. España va bien. Los españoles son muy españoles y mucho españoles. Sujeto, verbo y predicado.

Un café con leche y el ruido de un bar del centro, una tele encendida que grita concursos de mierda, la señora franquista que huele a laca y a perfume caro, la vida que está en la calle, el tiempo que se antoja lento, un mapa con isobaras y el anticiclón de las Azores.

Fin de año donde siempre, soldados, monjas, imbéciles que sonríen a la cámara con un décimo premiado. Los gestos. Las miradas. Aquello que te sabes de memoria. Uno por uno, uno. Uno por dos, dos. 16.000 millones que no vuelven. Ya no sabemos ni contar. Manifestaciones de miles que para algunos son cientos. Miles que son cuatro gatos maullando un poco de atención. Y aún así eres el diablo. Te pongas como te pongas. Socialistas que de Marx sólo recuerdan al mudo de los hermanos.

Autovías vacías, trenes ultramodernos y urgencias llenas. Ferraris, alcaldes, ostentación, arquitectos, pufos, sobresueldos y comisiones. Locutores con el permanente sabor de la bilis en la boca, cianuro en forma de ondas, insultos, chascarrillos facilones, un señor con cara de dormir poco y follar menos. Machismo en vena y alcohol en el corazón. Coleccionistas de sobres. Constructores en el palco al lado del ministro. ¿Qué hay de lo mío, alcalde? Yo también soy del partido. No hay pan para tanto chorizo. Contabilidad extracontable e indemnizaciones en diferido. Palabras huecas. Presidentes monolingües que quieren que los bilingües sean trilingües. Leyes que son cárceles. Mordazas en el BOE. Reformas laborales que convierten las palmadas en la espalda en sonoras patadas en el culo. El ejército y el primo de Zumosol, el Arriba España, la alegría de la huerta que se fue buscando otras tierras, el abuelo, el sillón de orejas, el ABC con sus cromos y la peste a coliflor. Hombres que torturan animales en nombre de la tradición. Hay luces en el traje pero no en la azotea. La vecina gritona, el cuñado que va de listo, el taxista que siempre habla de lo mismo. El racista, el mediocre, aquél al que los estudios le abandonaron demasiado pronto. Muchas letras no leídas, mucho arte jamás contemplado.

Tuiteros que se creen listos buscando un “me gusta”. Menos face y más books. Menos artificios y más contacto. Apaga el wi-fi y hablemos. Tú me gustas. ¿No es así? Menos odio y más besos. Dos hombres se aman. ¿Y qué? ¿A ti qué te importa? Mohammed buscando su lugar en el mundo. Como todos. ¿O no somos extranjeros todos en algún lugar? La luna que nos mira y nos iguala. El cielo que nos cubre de estrellas cuando estamos tristes.

¿Eres catalán? Me caes mal. No te entiendo aunque tampoco te quise escuchar. Hablas raro. Piensas raro. Eres raro de cojones. O lo raro es soñar. Vivo sin vivir en mí. No me siento como tú. Sólo es eso. Nada más. No es por ti, es por mí. Ya lo sé. Ya he mirado mi DNI. Caduca pronto, si eso te hace feliz. Urnas que dan miedo. Gente en las calles, una y otra vez. Colores,  sonrisas y un futuro que quiere ser.

Fotos pequeñas. En un cajón dormidas o en un móvil a punto de reventar. Es mi vida o es la tuya. Pero todas valen igual.

#Àlex_Ribes

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