Es esa mirada, precisamente

magaldi2

Es esa mirada, precisamente. Es la mirada, el gesto. Es el segundo de silencio que intenta recordarte quién manda aquí y que tú no pintas nada en todo esto. Observa esa mirada. Y la sonrisa. Y el humo del cigarrillo en un país con excedente de vendedores de humo. ¿Ves esa mirada? ¿Has observado la sonrisa? Pues sí. Efectivamente. Como cantó Pink Floyd en el legendario álbum: all in all you’re just another brick in the wall. Porque hay personas con poder (legal pero cada vez menos legítimo) que construyen muros de incomprensión a su alrededor y que, lejos de poner las bases de la paz social, agitan los peores instintos. No me gusta que griten a nadie y mucho menos que el insulto se use como argumento retórico, pero tampoco me gustan determinadas actitudes. La impostura, la hipérbole, la desmesura… qué daño hacen a la credibilidad y cómo fomentan la construcción de muros.

El Estado y todos los que sirven al ciudadano deberían ser ejemplares, en pedagogía, en justicia, en sensibilidad, en humanidad. Un profesor no puede exigir a un alumno aquello que él no cumple. Un padre no puede sancionar a un hijo una actitud que él no tiene. Y un Estado no puede exigir respeto, si la actitud es desafiante. Prohibir, sancionar, perseguir, reprimir, provocar, amenazar… verbos que están muy lejos del manual más básico de cómo conseguir autoridad moral.

Es esa mirada y la sonrisa y la sobreactuación. Es Antígona explicando ante unos micrófonos la neotragedia griega con el disfraz del poder mediático. Porque la verdad está agazapada, arrinconada, expulsada a la espera de tiempos mejores. “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”, cantó Serrat. La verdad es sólo un concepto en algún diccionario pero, en estos tiempos que corren, con suerte lo máximo a lo que puede aspirar es a convertirse en postverdad. La verdad en diferido, como las indemnizaciones a los corruptos. “Me has mirado mal” es la excusa de un matón de autos de choque que busca pelea. ¿Estamos en el nivel miradas? Tú me miras mal. Yo te miro mal. Yo desconfío. Tú también. Yo tengo poder. Tú no. Al final, todo es cuestión de quién construye el relato y de qué altavoces dispone. 

Es esa mirada. ¿O no? Pero no es dignidad. Hay riadas de dignidad cada once de septiembre. Multitudes de dignidad. Nadie nos puede dar lecciones de dignidad. Hay dignidad en millones de miradas. ¿Hay desafío? Supongo. Para el que no quiere que cambie nada, lo debe haber. Pero, cuando quienes dan lecciones morales te han amputado tu poder de decisión como sujeto político, lo mínimo es una mirada. Y ésta sí, con dignidad.

Es esa mirada y esa sonrisa y esa sobreactuación y esa dramaturgia de “mírame, qué penita doy”. Uf… Què poques paraules tinc, i les que us dic són tan gastades… Caldrà buscar nous camins, on no calguin les paraules. Gràcies, Llach.

fiscal2

#Àlex_Ribes

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