¡Te quiero mucho! ¡Como la trucha al trucho! #Nóos

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¡Ay, el amor! ¡Qué bonito es el amor! ¡Te quiero mucho! ¡Como la trucha al trucho! Me encanta el amor, ese amor ciego que te lleva a firmar documentos que no entiendes aunque tengas estudios superiores, másters y una formación envidiable, campechana y patriota, muy patriota. El amor que no existe cuando firmas cláusulas suelo o preferentes, ya que entonces sí que has de ser experto financiero, el Gordon Gekko de Sants, Vallecas o de Santa Coloma.

Adoro el amor que derriba barreras, que invalida el artículo 14 de la Constitución: los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social (exceptuando que todo lo hagas por amor y tengas la sangre metafóricamente azul. En ese caso se aplica en las sentencias judiciales un descuento familiar. Que para eso te han votado, hombre ya).

Dicen que cuando cierras los ojos, pides un deseo, pones tu imaginación al servicio del DNI y estás muy, pero que muy enamorado de un delincuente, la vida te sonríe. Lo vi en una película de Antena 3 un domingo por la tarde. La acción transcurría en un país de cuyo nombre no quiero acordarme. Era un reino, para ser más exactos. Un reino con una corte de periodistas dispuestos a tapar con enormes cortinas de humo aquello que no acababa de funcionar. O quizá sí que funcionaba, pero sólo para unos pocos. Que es una manera de que no funcione. Me estoy haciendo un lío. En la peli de Antena 3, una dulce princesita se enamora de un aguerrido y guapo deportista. Se casan. Se pasean en un descapotable por la calle más elegante de la ciudad para recordarte que ellos son ellos y tú, no. Y él empieza a usar su posición para ser muy, pero que muy buena persona. Y gana pasta. Mucha pasta. Y ella está tan pero tan enamorada que no sabe lo que firma. Y siguen ganando pasta. Y entra el dinero por la puerta, mientras la honradez salta por la ventana. Al fin y al cabo, nadie le pide a los escritores de los cuentos de hadas que las historias sean perfectas. A ver si ahora nos vamos a poner estupendos con las fantasías.

¡Ay, el amor! ¡Qué bonito es! No sé por qué las jueces tardaron tres días en hacer pública la sentencia si lo suyo hubiese sido el día de San Valentín. Precioso regalo, la libertad.

#Àlex_Ribes

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