Madrid, puerto de mar #CorredorMadridterráneo

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Estimado, o no, ministro:

¡Qué ciudad tan maravillosa es Madrid! Inigualable. No hay ciudad en el mundo que pueda estar bañada por el Mediterráneo, el Cantábrico y el Océano Atlántico a la vez. Y eso sin ser una isla. Brutal. En serio. Y es que si preguntas… no sé… ¿dónde está la Torre Eiffel? La respuesta es Madrid. Porque Madrid es la izquierda, la derecha, el centro y el padentro de todo. Todo empezó en Madrid y todo acabará en Madrid. El Big Bang fue en la Puerta del Sol y el meteorito del fin del mundo caerá en la Cibeles. Olvídate de esas pelis americanas en las que el meteorito cae en Boston, Massachusetts o en Washington D.C mientras Bruce Willis se parte la cara para salvar al mundo. La realidad nos demostrará que el meteorito le dará de lleno en la cocorota a la Cibeles. Con lo gafe que es, quizás le pille a Tomás Roncero celebrando algún título.

Si alguna vez un profe te pide que traces un círculo en un mapa, no lo dudes. Pon el pincho del compás en Madrid. A partir de ese centro ya solamente te quedará averiguar la distancia que queda entre Madrid y el resto del mundo, que ya sé que carece de importancia ya que es Madrid, y sólo Madrid, lo que dota de sentido a la vida en el planeta Tierra.

Todo gira en relación a Madrid. Todo da vueltas en relación a Madrid. De Madrid al cielo, dicen. Madrid como centro de gravedad, como cruce de caminos, como punto de intersección de la geometría universal. Dame un punto de apoyo en Madrid y te muevo el mundo. Todo cuerpo sumergido en Madrid experimenta un empuje en vertical y hacia arriba igual al peso del Madrid desalojado. Con toda acción realizada en Madrid ocurre siempre una reacción igual y contraria: quiere decir que las acciones mutuas de dos cuerpos siempre son iguales y dirigidas en sentido opuesto, pero sobre todo que no perjudiquen a Madrid. Madrid es la física y la química, es la razón de todo cuanto da sentido a la realidad tangible.

¡¡¡Cómo mola Madrid!!! Es como un anuncio de tampax: te permite hacerlo todo. Puedes montar a caballo, nadar, jugar a tenis, coger el AVE, salir por la tele comiendo uvas en fin de año, aparecer de público en una tertulia de Marhuenda, saludar a los ministros que salen de su consejo de los viernes, cruzarte por la calle con el pequeño Nicolás, saber que estás cerca del rey y del Tribunal Constitucional… Pero, lo mejor de todo, es notar la brisa del mar en tu cara porque, gracias al corredor del Mediterráneo, a los leones del Congreso se les empieza a pegar el salitre en sus fieros rostros. ¡¡¡Me encanta escuchar el sonido de las olas por la mañana en la Gran Vía!!! ¡¡¡Suena a victoria!!!

Por cierto, ministro, Castellón está a 0 minutos de Castellón y quizás a sus habitantes les interesa una conexión más rápida con los países del norte de Europa. Es sólo una idea. Sin presiones. Tómate tu tiempo.

Àlex_Ribes

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