Ni urnas, ni humor

cassandra

nieta

Desde el atentado a Carrero Blanco han pasado 43 años, 3 meses y 10 días. Repito: 43 años, 3 meses y 10 días. Y en ese tiempo se ha muerto Franco, se ha instaurado lo que se supone que es una democracia, se ha organizado España en diecisiete comunidades autónomas, ha habido mayorías absolutas y relativas de la izquierda y de la derecha, ha acabado el terrorismo de ETA… ¿y? ¿Se han cerrado heridas? ¿Se ha dado carpetazo a los capítulos más trágicos de la historia de este país con una mirada reconciliadora y de autocrítica? Insisto en una cita que ya ha aparecido antes en este blog: Ernst Lubitsch dijo que tragedia más tiempo, igual a comedia. ¿En España también? ¿Pueden 43 años, 3 meses y 10 días permitir que una joven de 21 años se ría (con mejor o peor gusto, o acierto) de lo que sucedió hace tanto tiempo? Las portadas de los periódicos de hoy nos dicen que no, que unos comentarios en Twitter te pueden colgar en tu espalda el equipaje de unos antecedentes penales. Y es que una sentencia de la Audiencia Nacional, emitida por unos señores que dudo que dediquen mucho tiempo a las nuevas formas de relación en las redes sociales, acaba de decirle a la juventud de este país que cuidadito; que se corte con lo que dice; que se quede quieta; que no proteste; que bienvenida a las distopías de Orwell o de Ray Bradbury; que el Big Brother te vigila; que la policía del pensamiento puede actuar en poco tiempo; que cualquier cosa que diga puede ser utilizada en su contra si la dice contra quienes todos sabemos; que un día quizás se quemen libros prohibidos si se pone tonta; que no sabe con quién está hablando; que ganaron una guerra; que tienen más cojones, hombre ya; que como dijo ayer la vicepresidenta “cuando tú estabas en infantil, yo ya estaba en primero de carrera” o que ellos son ellos y tú no.

Porque para los que desean a tuit en grito una bomba en el Camp Nou o un fusilamiento a los independentistas y/o catalanes, para los que llevan años (muchos años) vomitando odio en las ondas radiofónicas, para los que falsifican documentos que después son portada; para los militares que retan a duelo a Willy Toledo o para los políticos que se ríen de las víctimas del franquismo, para esos… silencio. Las palabras se las lleva el viento, los tuits se pierden en el océano digital, las portadas son biodegradables, las ofensas no son tales, la mala educación no es punible… y así, poco a poco, España va perdiendo su sentido del humor. ¿Tiene límites el humor? No lo sé. En todo caso que sean los mismos para todo el mundo.

Se echa de menos a Berlanga y a Pepe Isbert dando un discurso en el balcón del ayuntamiento al amigo americano que no acaba de llegar: “como alcalde vuestro que soy os debo una explicación y esta explicación que os debo os la voy a pagar”. En la peor época, los españoles aún eran capaces de reírse de sí mismos. Hasta eso quieren secuestrar esos sesudos señores, hasta eso. Y en el mismo día en el que un diputado electo debe abandonar el Congreso por poner unas urnas, en un proceso consultivo sin valor legal, para que los ciudadanos opinen. Ni urnas, ni humor. ¿Qué será lo próximo?

Àlex_Ribes

Em pots seguir a

logotw  Twitter @blogsocietat 

Unknown Facebook

Llibre a la venda

poster

Anuncis