Es que me desorino #IVA #Cine

IVA

Estimado, o no, Ministro de Hacienda:

Mucho ha llovido desde la ceremonia de los Goya de 2003. En aquella ocasión, un grupo de actores y directores criticaron la entrada de España en la Guerra de Irak. Gobernaba Aznar y el “no a la guerra” sonó varias veces en la gala. Al parecer, a microbush no le sentó nada bien que esos rojillos de la farándula le tosieran en su bigote de fibra óptica. Desde entonces, los cineastas han sido considerados por gran parte de la derecha como unos subvencionados que sólo saben protestar y que, además, hacen un cine muy malo (vamos, como si el guión que escribió Franco para Raza fuese el de una cult movie dirigida por David Lynch).

Ahora, igual que si se tratase de una venganza de bruja Disney, el más brujil de los ministros (o sea, tú) humilla a la industria cinematográfica con la exclusión del cine de la rebaja del IVA cultural. Eso sí, los toros y olé, sí que se van a beneficiar de un 10% de IVA. En resumen, ver cómo un señor que viste raro, que se recoge los testículos como si fuesen una bolsa de Sugus pegada a su pierna y que tortura y mata a un animal, tendrá una carga fiscal del 10%, mientras que ver una película de cualquier cineasta español supondrá que el espectador pague el 21%. Bravo. No se veía tanto amor al cine desde que Sergio Ramos entró en un cine que olía raro a ver Eduardo manospajeras pensando que era la última peli de Tim Burton.

¿Qué posibilidades le quedan entonces a la industria cinematográfica española de subsistir? Imaginar a Pedro Almodóvar vestido de torero es algo que me perturba. Además, es probable que el toro fuese travesti, saliera Carmen Maura haciendo de abuela del banderillero y el picador cantase un bolero.

Otra posibilidad para que el cine sea considerado un espectáculo en vivo es que los rodajes cuenten con público. Sin embargo, se llenarían de jubilados preguntando por Arturo Valls o Ana Rosa Quintana. Eso sí, que El Juli o José Tomás se pongan detrás de una cámara a dirigir es algo bastante improbable. Al fin y al cabo, Billy Wilder dijo que para ser director de cine no hacía falta saber escribir pero que era imprescindible saber leer.

Puestos a soñar, me imagino vivir en un país en el que la cultura fuese realmente importante. Me imagino un país en el que se valorasen las industrias culturales más allá de una visión neoliberal donde sólo importa aquello que provoca un retorno económico inmediato y en el que el cine formase parte del patrimonio cultural más querido. Pero, ya digo, sólo es un sueño.

Como ya sé que seguiréis maltratando al séptimo arte, al menos concédeme el deseo de que se cobre entrada por ver los monólogos de Rajoy. Son espectáculos en vivo como el teatro, danza siempre sobre los mismos temas, canta mucho cuando evita hablar de Bárcenas, marca paquete como un torero cuando se refiere a Puigdemont y, sobre todo, son más divertidos que un monólogo de El club de la comedia. Son los vecinos los que eligen al alcalde y es… ¿Lo ves? Es que me desorino.

Àlex_Ribes

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