Me niego a ser una zarigüeya

grillo

Estimado, o no:

La población catalana representa el 16% de la población española. O, dicho de otra manera, el 84% de la población española no es catalana (cuando digo catalana, me refiero a que vive en Catalunya; trabaja en Catalunya; paga impuestos en Catalunya, aunque muchos de ellos van a parar a las arcas del Estado; y le corresponde un tanto por ciento de las inversiones que realiza el Estado en todo su territorio. Como ves no soy etnicista. En mi opinión, un catalán es quien se queda, venga de donde venga). Si no me fallan los datos, el 84% es mayor que el 16%. Una votación para un referéndum de autodeterminación, para entrar o para salir de una institución europea, para un cambio en la forma de Estado o para elegir quién se encarga de organizar el amigo invisible en una cena navideña de empresa, se debe realizar en condiciones de igualdad. Eso significa que, por ejemplo, si en una fiesta de disfraces se han presentado 100 personas y hay 84 disfrazadas de Chonis y 16 de Mozart, no parece muy justo que las 100 personas voten para elegir las canciones de reggeaton que deben sonar. Seguramente, lo más justo sería que los 16 Mozarts decidan si se quedan, o se van. Y con esto no estoy diciendo que en España no haya Mozarts, ni en Catalunya, Chonis. Es sólo un ejemplo.

Hay otra posibilidad, que los Mozarts copulen entre sí para aumentar la población de pequeños Mozarts y así igualar los porcentajes. Si llevamos esta teoría a la relación Catalunya-España, eso significaría que, aproximadamente, cada catalán debería responsabilizarse de traer a este mundo a cinco o seis catalanes más, en un plazo muy breve de tiempo. Tan breve que todos los catalanes deberíamos ser zarigüeyas, que tienen un período de gestación de 12 a 13 días. En mi hogar seríamos afortunados porque solamente vivimos dos personas con posibilidades de fertilidad, aunque sólo yo, con mi permanente cara de desorientación, podría pasar por zarigüeya. Tendríamos en casa a diez o doce pequeñas zarigüeyas con todo lo que comporta: pañales, biberones, cólicos a las tres de la madrugada, vómitos cuando faltan cinco minutos para irte a trabajar, llantos porque han perdido la puñetera muñeca de Elsa, la casa llena de peluches, ver el mismo capítulo de Bob Esponja ocho veces, ir al cine solamente a disfrutar de pelis de animales que hablan y que se te clave en el pie el Playmóbil faquir cuando caminas a oscuras por la noche al oír sus llantos. Yo… lo siento… pero, si ésa es la alternativa, quizás me empiecen a gustar los mensajes navideños del rey y cante el yo soy español, español, lo, lo lo.

En resumen, si los catalanes fuésemos zarigüeyas y nos pasásemos el día copulando, podríamos lograr que un referéndum de autodeterminación catalán en el que votasen todos los españoles fuese realmente democrático. Porque aquí hay otro tema de fondo, que espero que te quede claro: los catalanes en tanto seres humanos (y con mayor o menor aspecto de zarigüeya) no pertenecemos a nadie. Y, además, el territorio catalán pertenece a sus propietarios (en el registro de la propiedad queda claro). Por lo tanto, lo que diga un señor de Albacete sobre qué tipo de Estado queremos tener los catalanes, es muy respetable pero poco efectivo. Y es que supongo que, lo que diga un señor catalán sobre qué tipo de Estado quieren tener los albaceteños, debería tener el mismo valor que lo que diga la suegra de la zarigüeya hembra sobre la ropa premamá de la zarigüeya. Y es que, con un embarazo de 12 a 13 días, no hay tiempo ni de ir al IKEA a mirar una cuna.

Àlex_Ribes

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