Detengamos la catalanofobia

maria

Estimada, o no:

Llevo tiempo haciéndome una pregunta que no acierto a responder: ¿siempre habéis estado ahí? Aquellos que os atrevéis a insultar a los catalanes insinuando que estamos a punto de gasear a los castellanohablantes, aquellos que banalizáis el nazismo, aquellos que os atrevéis a inundar las redes sociales con frustraciones, con odio y con pura xenofobia, sin importar las consecuencias que esto pueda tener, ¿siempre habéis tenido una presencia latente en la sociedad? No lo sé. No sé si sois un producto de estos tiempos sin norte, sin brújulas y sin más valores que el sálvese quien pueda. Sí tengo bastante claro que las redes sociales os han dado la visibilidad que necesitábais. Uno se abre una cuenta en Twitter y, como si fuese un gimnasio de narcisismo e ira, ejercita cada día su incapacidad para entender de qué va esto a lo que hemos llamado vida. Triste. Muy triste.

Las cifras más bajas hablan de 6.184.812 asesinatos en campos de detención, tránsito, concentración y exterminio los que produjeron esos doce malditos años del Tercer Reich. Si a eso se suman las matanzas indiscriminadas fuera de los campos, se llega a la cifra de 7.527.387 personas. Personas a las que comparas, por ejemplo, con una cadena humana de 400 kilómetros o manifestaciones tan masivas como pacíficas a las que acudimos personas de toda edad, clase social y origen. ¿Te atreverías a mirar a la cara a algún superviviente o a algún descendiente de aquellos que murieron producto de la barbarie que fue el nazismo? ¿Mantendrías el mismo discurso en Alemania? ¿Te atreverías a comparar el Tercer Reich con lo que se está viviendo en Catalunya? ¿En serio? ¿Les dirías que en Catalunya hay campos de exterminio con cámaras de gas, guettos o matanzas indiscriminadas?

No creo. Tengo la esperanza de que si lees este texto, quizás comprendas lo equivocada que estás. Sí, ya lo sé… peco de arrogante. Pero ponte por un segundo en la piel de un catalán, de esos que forman parte del 75% de la población que pedimos un referéndum, de los que solamente demandamos depositar una papeleta en una urna para expresar lo que pensamos y que estamos absolutamente dispuestos a aceptar el resultado. Después de un viaje mental por la Alemania de los años treinta y cuarenta o de haber leído este humilde texto, ¿en serio sigues en tus trece?

Si lo que has leído no te ha movido un ápice en tus prejuicios, al menos intenta leer lo que escribió Ana Frank en su famoso diario:

«Es difícil en tiempos como estos pensar en ideales, sueños y esperanzas, sólo para ser aplastados por la cruda realidad. Es un milagro que no abandone todos mis ideales. Sin embargo, me aferro a ellos porque sigo creyendo, a pesar de todo, que la gente es buena de verdad en el fondo de su corazón».

Àlex_Ribes

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