Marhuenda, imputado

marhuenda

Estimado, o no, periodista (?):

Marhuenda imputado” suena tan bien como “República catalana”, “Barça campeón” o “Losantos afónico”. Es la música más bella, un regalo para los oídos. Es el aria de las “Variaciones Goldberg”, el Adagio de Albinoni, la Salchipapa de Leticia Sabater (bueno… quizás no sea el mejor ejemplo). “Marhuenda imputado”. “Marhuenda imputado”. “Marhuenda imputado”. Lo repites tres veces y el cielo se abre para mostrarte un día radiante. Suena “Another day of sun” y empiezas a bailar como en La, la, land. “Marhuenda imputado”. “Marhuenda imputado”. “Marhuenda imputado”. ¡Por una vez la justicia no es ciega, sino que es creadora de esperanza, de alegría, de unión con las fuerzas de la naturaleza que te recuerdan que estás vivo y que la vida hay que vivirla con humor! ¡Viva la vida!

En fin, he tenido un momento de euforia y ahora debería explicar por qué. Me encanta la profesión periodística. Sobre todo, cuando los que se ganan la vida con ella, la ejercen con el espíritu romántico de quienes piensan que la verdad mejora la sociedad. Porque cuando un periodista se deja sus energías en descubrir la verdad, está proporcionando un plus en los estándares democráticos. Un periodista no se debe subir en el púlpito de la autocomplacencia; no debe ser un autoelegido juez moral que dicta sentencias; no debe tergiversar y, mucho menos, mentir; no debe ser la lengua agradecida que chupa la mano del poderoso como un perro fiel que se traga un azucarillo. Un periodista es un intermediario entre la realidad y el público. Por supuesto, puede opinar o intentar simplificarla para que sea más comprensible pero cuando un periodista dice “ya nos hemos inventado una cosa para darle una leche (a Cifuentes)” lo mejor es que se dedique a escribir ficción. Porque es en la ficción donde la capacidad de invención se ejerce para generar placer en el lector y no para ser el fiel mamporrero del poder.

Marhuenda imputado”. Presunta obstrucción a la acción de la justicia, coacción, intimidación y pertenencia a banda criminal. Tela marinera.

¿Has visto “The newsroom”? Deberías. Es una sensacional serie de Aaron Sorkin que habla sobre el mundo del periodismo. Los primeros minutos del primer capítulo constituyen un arranque sensacional. El protagonista, interpretado por Jeff Daniels, responde a la siguiente pregunta de una estudiante:

Hola, me llamo Jenny, estoy en segundo y la pregunta es para los tres. ¿Pueden decir en pocas palabras…? Bueno, ya me entienden: ¿pueden decir por qué América es el mejor país del mundo?

Te transcribo las últimas palabras de la maravillosa respuesta del protagonista para que las imprimas y te hagas un cuadro que deberías colgar cerca de ti:

Claro que lo éramos. Defendíamos lo que era justo. Luchábamos por razones morales. Establecíamos leyes y las derogábamos por razones morales. Librábamos guerras contra la pobreza, no contra los pobres. Nos sacrificábamos. Nos preocupábamos por nuestro prójimo. Poníamos dinero en lugar de hablar y nunca nos jactábamos de ello. Construíamos grandes cosas. Realizábamos avances tecnológicos increíbles. Explorábamos el universo, curábamos enfermedades y cultivábamos los mejores artistas del mundo y también teníamos la mejor economía. Nos dirigíamos a las estrellas.

Actuábamos como hombres, aspirábamos a la inteligencia, no la despreciábamos, no nos hacía sentirnos inferiores. No nos identificábamos por a quién habíamos votado en las últimas elecciones, y no, no teníamos miedo. Éramos capaces de ser y hacer todas esas cosas porque estábamos informados por grandes hombres. Hombres reverenciados. El primer paso para resolver un problema es reconocer que existe. Así que América ya no es el mejor país del mundo. ¿Suficiente?».

Àlex_Ribes

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