No hay más ciego que el que no quiere oír. Era así, ¿no?

ciego

Estimado, o no:

Sin la más mínima intención de que tu españolismo se vea afectado por esta carta, me gustaría advertirte de que hay un ligero error en tu afirmación de que “los ciegos sólo quieren ver lo que quieren”. Si no me equivoco, los ciegos no ven. ¿Sorprendido? Los sordos no oyen, los mudos no hablan y Rajoy no escucha. Además, aunque la ceguera pueda ser parcial o total, creo que tampoco me equivoco si digo que los invidentes lo querrían ver todo. Bueno… o casi todo. El hecho de imaginarme a Marhuenda desnudo provoca que tu frase me haga pensar en si tiene algo de cierto.

En todo caso, es posible que lo que quisieras decir es que “no hay más ciego que el que no quiere ver”. Es lo que tienen las frases hechas y los mantras que lanzan diariamente los medios de comunicación españoles: si no los repites exactamente igual, suenan raros. Es como cuando Marujita Díaz dijo que “no nadaba en la ambulancia” o como cuando Sergio Ramos se dejó llevar por las metáforas pirotécnicas para referirse a los delanteros de su equipo: “siempre que los de arriba están con la pólvora mojada es bueno”. Supongo que en realidad estaba pensando en la posibilidad de que el vecino de su piso superior fuese un terrorista. En ese caso, efectivamente, es mejor que la pólvora esté muy mojada.

Por otra parte, tengo la impresión de que en estos años de debates identitarios se ha generado el miedo de que con la independencia de Catalunya se van a prohibir sentimientos. Como si con un decreto ley se pudiese impedir que quienes se sienten españoles sigan teniendo esos mismos sentimientos. En cambio, muchos de los que expresan ese juicio, niegan el derecho a expresar otros sentimientos identitarios a través de una papeleta y en un referéndum. Es como si unos sentimientos tuvieran unos derechos adquiridos y los otros a lo único que pudiesen aspirar es a resultar marginales bajo la óptica de “siéntete español porque si no eres un totalitario, adoctrinado y ciego”. Pues mira, celebro que no seas ciego. Celebro que desde tu atalaya del conocimiento universal hayas visto naves de combate en llamas en el hombro de Orión y relámpagos resplandeciendo en la oscuridad cerca de la entrada de Tannhäuser. Pero, ya sabes: todos esos momentos se perderán… en el tiempo… igual que lágrimas… en la lluvia. Llegó la hora de votar en un referéndum.

Àlex_Ribes

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