Un hombre en busca de cerebro #ÁlvaroOjeda

alvaro

Estimado, o no, Álvaro:

Desde que leí “El código Da Vinci” me apasionan los mensajes crípticos. Especialmente los que proceden del mundo del periodismo deportivo español. Está lleno de “illuminatis” y hay que aprovechar semejante caudal de inteligencia. He leído mensajes de difícil traducción al lenguaje de los humanos pero el tuyo resulta especialmente admirable: “Tres millones de pollas para Cataluña”, acompañado de cuatro emoticones de la cara que llora de risa. Bravo. Apuesto a que National Geographic ya te ha ofrecido pasta para que desentrañes el sentido último de semejante proeza mental y poder hacer un documental.

Hay una primera cuestión que complica la descodificación del mensaje. ¿Por qué tres millones? ¿Por qué no dos o cuatro? Puestos a llenar Catalunya de pollas en busca de su destino, podrías haber sido más preciso en tus cálculos. Por ejemplo, según el Informe Anual de la Profesión Periodística del año pasado, hay 2861 periodistas hombres en paro. Periodistas que podrían dignificar la profesión bastante más de lo que tú lo haces. Por eso te propongo otro tuit: ¡una polla al paro y 2861 periodistas trabajando!

También me intrigan las condiciones del envío de tal cantidad de penes. ¿Vendrán a la vez o en contingentes pequeños? Es que tres millones de miembros ociosos dando vueltas por Catalunya puede provocar problemas de logística, especialmente si no vienen acompañados de un cerebro. Ya sabemos lo que sucede cuando un hombre piensa con su miembro retráctil, en vez de hacerlo con su supuesto equipaje neuronal. Pueden acabar convertidos en youtubers catalanófobos que dejan el teclado lleno de babas y de bilis cada vez que gana el Madrid o pierde el Barça.

Por otra parte, yo creo que las pollas están sobrevaloradas. No te digo que no estén bien y que, de vez en cuando, den ciertas alegrías. Pero esto es un poco como el mando a distancia del televisor. Hay botones que se utilizan de vez en cuando y hay otros muy necesarios. Yo no diría que el botón de encendido y apagado es el pene. Esa función tan importante la deberíamos delegar en el cerebro.

En todo caso, no seas tan generoso con el envío de penes. Ya contamos con los suficientes para garantizar la creación de futuros catalanes que recordarán la nacionalidad de sus padres o de sus abuelos con una mezcla de curiosidad y risa. Sí, les tendremos que decir que durante unos años fuimos españoles y que había individuos que tuiteaban mensajes tan crípticos como neuróticos.

Àlex_Ribes

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