BLOG SOCIETAT ANÒNIMA. Lo volveré a explicar otra vez

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Tengo la sensación de que lo que vais a leer lo he explicado muchas veces pero quizás así se entienda mejor.

  1. Esto es un blog escrito por un casi cincuentón cuyo único delito es que le apasiona escribir. No soy periodista, ni gano dinero con este pequeño espacio virtual. Es gratis. Por lo tanto, no hay ni buzón de sugerencias, ni libro de reclamaciones.

  2. Escribo cartas porque me gustan las posibilidades narrativas que ofrecen. Podría responder con poemas pero no sé escribir poesía. Podría cantar, hacer señales de humo o guiñar el ojo con el código Morse. Sin embargo, no me resultaría tan divertido. LAS CARTAS NO VAN DIRIGIDAS A QUIEN HA ESCRITO UN TUIT, UN COMENTARIO EN FACEBOOK O ES PROTAGONISTA (NORMALMENTE POLÍTICO) DE UN TITULAR. Las cartas van dirigidas a ti, al lector, a quien busca pasar un buen rato con las palabras que junto para que formen frases. Por lo tanto, no me digáis que no me entenderán. No sé si me entenderán o no. Me da igual. Es lo último que me preocupa cuando escribo. Porque, repito, las cartas NO VAN DIRIGIDAS AL DESTINATARIO LITERAL. El género epistolar existe desde hace siglos. ¡Hay epístolas hasta en la Biblia!

  3. Por lo tanto, lectores de este blog, os pido que participéis de este juego narrativo, que os liberéis de la necesidad de que los “estimados, o no” me lean. Olvidaros de ellos. No importan ni su cara, ni su cuenta de Twitter. No sé quiénes son. ¿Un señor calvo que lee cada mañana La Razón? ¿Un fan de Rajoy? ¿Un taxista de Valladolid que escucha a Jiménez Losantos? ¡Me da igual! No pretendo que cambien de opinión. No me apetece conocerlos. No me iría de vacaciones con ellos. Están en algún lugar, con sus prejuicios, con su prepotencia, improvisando como todo el mundo, despistados como la mayoría, desorientados como yo y bastante tienen con la mierda que les han metido en el cerebro en cada telediario, en cada portada o en cada míting. Ojalá algún día la verdad les haga un poco más vulnerables y que la vulnerabilidad les haga más humanos.

  4. Detesto la catalanofobia, la xenofobia, el racismo, el machismo, la homofobia, la intolerancia, los insultos… Detesto un mundo sin humor y en el que hay gente que se toma a sí misma demasiado en serio.

  5. Detesto el relato oficial que los poderosos intentan crear en unos medios de comunicación cada vez con menos vocación de hacer periodismo de calidad.

  6. No me considero una persona culta. No lo soy. Pero, eso sí, he pasado noches hincando codos en libros para sacarme unos estudios, he leído lo que he podido y he viajado lo que mi sueldo me ha permitido. Me considero inquieto, curioso, adicto a la creatividad de los demás y a las múltiples formas que tiene la belleza de expresarse en este mundo. Por eso, me revienta que un mediocre que se educó frente al colegio me insulte por ser catalán, por ser independentista o por cualquier excusa que encuentre (los intolerantes siempre encuentran excusas). Y utilizo un arma muy poderosa que me enseñaron en la escuela: las palabras. Y sí, me apetece responder. Creo que guardamos demasiados silencios ante los intolerantes. Desafortunadamente, no desaparecen si no les hacemos caso. Al revés, se hacen más fuertes. Normalizan la agresividad, con sus insultos se apropian poco a poco del espacio público, desplazan la reflexión, el pensamiento personal y la discrepancia para imponer sus gritos. Al final, acabamos pensando que es algo normal. Ahora ya es normal que la gente grite en televisión, que los diputados se abucheen en el Congreso, que se insulten, que las redes sociales hayan concedido todo el espacio al no discurso. Y, ¿qué queréis que os diga?, no me parece justo.

  7. No me cebo con los incultos. Nunca me río de una persona sin cultura. Respondo al agresivo, no al inculto. En primer lugar, porque conozco a muchas personas incultas con una calidad humana impresionante. Y en segundo lugar, porque la cultura es compatible con la maldad. Incluso es capaz de reforzarla. En el 99% de los casos oculto la cara y la cuenta de Twitter de los “estimados, o no”. Porque lo que quiero es denunciar las ideas y hacer frente (desde la mayor de las modestias) al relato oficial que se ha impuesto sobre el proceso independentista y sobre Catalunya. Pero, repito, carece de toda importancia saber quién es. De hecho, la línea que separa la realidad de la ficción en las redes sociales es casi invisible. 

  8. En resumen, me gustan las palabras cuando fomentan la convivencia. Nadie sabe nada. Nadie tiene toda la razón. La verdad es un puzzle que está desordenado y al que le faltan piezas. El blog es una pieza que intenta encajar en algún puzzle y yo soy alguien que intenta encontrar su sitio en el mundo. Sólo eso.

Àlex_Ribes

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