Así suena el gas del escarabajo bombardero

levy

Estimada, o no, Andrea:

Hay un animalejo muy divertido que se llama escarabajo bombardero. Cuando se siente amenazado, este bichejo es capaz de lanzar un gas formado por hidroquinona y peróxido de hidrógeno que posee un olor pestilente. Además, su sonido es parecido a una ventosidad traicionera de esas que no captan los oídos pero sí la pituitaria. A veces en los ascensores uno se encuentra con escarabajos bombarderos que tragan saliva y ponen mirada de clemencia cuando la mezcla de café con leche matinal y cigarrillo empiezan a hacer efecto. Pues bien, el escarabajo bombardero es capaz de realizar esta maniobra de defensa unas veintinueve veces consecutivas, lanzando gas que supone hasta cuatro veces el tamaño de su cuerpo. Lo que yo me pregunto es si este bicho es inmune a lo que genera. ¿Olerá él la producción gaseosa de su propio cuerpo? De hecho es lo mismo que pienso cuando debo compartir el metro con una de esas personas que solamente usan el agua y el jabón para lavar el coche y que no conocen los mágicos poderes del desodorante. ¿No huelen la peste que echa su cuerpo?

Pues bien, yo creo que el nacionalismo es un poco como el gas del escarabajo bombardero. Y es que, que digas que te opones al nacionalismo delante de una enorme bandera es como decir que te opones al alcoholismo sujetando un cubata en la mano. ¡¡¡¡PFFFFFFFF!!!! Así suena el gas del escarabajo bombardero. ¡¡¡¡PFFFFFFFF!!!!

Es divertido comprobar cómo funcionan los mecanismos mentales cuando se trata de desprestigiar al contrario. Pensamientos como “no soy machista pero no me gusta que mi mujer se ponga minifalda” o “no soy racista pero si mi hija se casa con un africano dejo de hablarle” están en el ambiente. Y lo de “los nacionalistas son los demás” mientras uno envuelve su discurso político en una bandera enorme forma parte del menú diario. Al parecer, el nacionalismo que propone una determinada nación como único referente identitario sólo es una construcción ideológica presente en los demás.

Mira, Andrea, yo también creo en la libertad. No tanto en la libertad de mercado, que en muchas ocasiones es la única libertad en la dais la impresión de creer. Creo en la libertad de expresión, en la libertad de decisión, en la libertad que en democracia te permite depositar un papel en una urna (sea cual sea la pregunta) y que mi respuesta se una a otras respuestas para conformar una mayoría o una minoría. Y sí, el nacionalismo, cuando es la expresión de un mundo cerrado más allá del cual ya no existe nada, cuando es la excusa para exacerbar los sentimientos de unos contra otros y cuando es el motor de un enfrentamiento violento, construye muros.

Soy independentista no nacionalista. ¿Y eso cómo se come? Quiero un Estado que funcione, que me tenga en cuenta, con una sociedad detrás más cohesionada, justa y libre. Puedo estar equivocado pero una nueva república catalana podría contribuir a eso. Pero para mí una república catalana es la construcción de una organización social, económica y política que esté insertada en un espacio más amplio, relacionada con el mundo, en un nivel de decisión que ahora no tiene. La gran mentira del nacionalismo español es que Catalunya sin España no es nada. Suena a frase de marido que ve cómo su mujer ha hecho las maletas para probar una nueva vida sin su compañía.

Pues sí, Andrea, ¡¡¡¡PFFFFFFFF!!!! Así suena el gas del escarabajo bombardero.

Àlex_Ribes

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