Señores que ponen cara de estar pasándolo bien

el libre

Estimado, o no:

Soy muy cinéfilo pero sé que el cine a veces distorsiona la visión que hemos adquirido de la realidad. Y es que tengo la impresión de que hay personas que creen que están dentro de una película. Supongo que es la manera de no pensar que la Historia, con mayúscula, se olvidó de ellos. Así, se enfrentan a su sexualidad con el aplomo de un actor y un minuto y veinte segundos después se cuestionan la relación espacio-tiempo como lo hacía un joven Stephen Hawking en “La teoría del todo”. Del “ven aquí” al “no sé qué me ha pasado” hay tan pocos fotogramas de diferencia que ni siquiera da tiempo a que empiece la música.

El arte imita a la realidad y la realidad imita al arte en un diálogo permanente. Son dos mundos que se retroalimentan permitiéndonos encontrar algo de sentido, tanto a la realidad, como al arte. Sin embargo, ni al arte, ni a la realidad, hay que tomárselos demasiado en serio. Como dijo Woody Allen: “no me gusta la realidad pero es el único lugar en el que me puedo comer un buen bistec”. Por eso, creo que cometes un error si piensas que el apellido Fernández inhabilita la posibilidad de sentirse a gusto con una identidad catalana. Bueno, ni con un apellido, ni con ocho (cifra que contiene el título de la película de Emilio Martínez-Lázaro).

fernandez

En Catalunya, durante el 2016, 97.381 personas se hubiesen girado al grito de Fernández. Además, 99.577 catalanes lo tenían como segundo apellido. Lo único que te aconsejo es que no vayas a ninguna localidad catalana y te pongas a gritar Fernández por la calle. Si lo haces, pon carona de niño que se acaba de perder. Corres el riesgo de protagonizar un documental sobre personas que regresan de la luz blanca tras una experiencia de muerte cerebral.

También es un error pensar que Fernández es un apellido de origen español ya que se trata de una variante de “Ferdinando” y proviene del germánico “Fridnand” o “Fredenand”. Somos el producto de una enorme mezcla de culturas y de lenguas. Especialmente en Catalunya, lugar de paso, de acogida, cosmopolita y con una clara vocación internacional. Prejuzgar a la gente por su apellido es como esperar que nuestra vida sexual sea como la de un actor porno: un error. Porque la realidad es la realidad, el arte es el arte y hasta un exministro pepero puede girarse si le gritas Fernández. Lo que no sé es si podría protagonizar una película de señores depilados que ponen cara de estar pasándolo bien.

Àlex_Ribes

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