Ad nauseam o cómo insultar a la inteligencia colectiva

cospedal

Estimados españoles:

Un argumento ad nauseam es una falacia que después de ser repetida por diferentes personas cobra la apariencia de verdad. Supongo que muchos recordamos la famosa frase de Goebbels: “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Pues bien, estamos en unos tiempos en los que este tipo de argumentos se está utilizando con una obsesión que ya tiene el mismo aspecto enfermizo que Sergio Ramos en un congreso de literatura medieval.

Después de argumentos con vocación ad nauseam como “vagaréis por el espacio por los siglos de los siglos”, ahora están de moda dos argumentos muy curiosos por parte del Estado español. El primero es atribuir a un referéndum de autodeterminación la vocación de golpe de Estado. Precioso, en serio. Que yo sepa, en los golpes de Estado un determinado grupo con una cierta fuerza (militar, normalmente) lo que quiere es hacerse con el poder, anulando el establecido. Y que yo sepa, lo que queremos los independentistas es que el poder del Estado español deje de estar vigente en Catalunya para sustituirlo por otro poder consensuado por los ciudadanos a través de una nueva Constitución. Eso sí, partiendo antes de un referéndum en el que los independentistas pedimos que también puedan votar los que no quieren este cambio. Sí o no. Creo que tampoco es tan complicado. Otra cosa sería que un grupo de catalanes, armado con peligrosas grallas y crema catalana caducada, secuestrara a los diputados del Congreso para obligarles a escuchar la discografía completa de Marina Rosell en formato gralla mientras llenan sus estómagos con la salmonella del postre. Solamente quedaría por saber si los desmayos vendrían por la música o por las gastroenteritis y qué es lo que se exigiría para liberarlos de semejante situación.

Otro de los argumentos ad nauseam en estos tiempos de postverdad y mentiras fabricadas es la demonización que se está haciendo de las urnas. Los ad nauseam followers están alteradísimos ante la idea de que Catalunya se llene de urnas. Son su Leviatán particular. No se veía semejante terror ante un objeto inanimado desde que le acercaron a Cristiano Ronaldo una calculadora para decirle lo que debe a Hacienda. Urnas, nene. Urnas. Objetos transparentes. Vacíos. Como la vitrina de Grammys de Kiko Rivera. Llenos de aire. Como las promesas de Rajoy para caer bien a los catalanes. Urnas, nene. Urnas.

En estos tiempos nauseabundos, en los que la construcción ideológica de un país se sustenta en falacias mil veces repetidas, es bueno recordar un viejo proverbio judío: con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver. 

Àlex_Ribes

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