Olvídate de quién eres

el futur ens té por baja resolución

Olvídate de quién eres. No eres nadie. Olvídate de que eres español, olvídate de las historias que te han explicado desde que has nacido. Haz tabula rasa, borra la pizarra, envía a la papelera de tu ordenador aquello con lo que has crecido. No hay himnos, ni ejércitos, no hay familias reales, no hay prejuicios contra nadie, no hay prensa del corazón con regatas, yates, ni lameculos encantados de haberse conocido. No eres nadie, ¿de acuerdo? Lo eres todo porque no eres nada. Eres el mundo en un instante. Eres tú. Estás tú, solo ante el futuro.

Has dejado de existir en todas las formas preconcebidas. Te han modelado con el barro de antiguas batallas pero la sangre ya está seca, las cunetas se han vaciado, todo el mundo descansa donde debía haberlo hecho hace tiempo. Tu vida ahora es una distopía que te has inventado para encontrarle un sentido a todo.

Olvídate de quién eres pero no para que ellos se olviden que quiénes son, sino para reconocerte en el espejo. Eres una nueva persona, ¿de acuerdo? Eres lo que quieras ser. De eso trata la libertad: ser quien quieras ser. Con limitaciones, seguramente. Con espacios aún por llenar, seguro. Pero ya no eres aquél que los de siempre quisieron que fueras. Eres tú y ya es mucho en estos tiempos que corren.

Hay que nacer de nuevo y para nacer de nuevo hay que llorar. Todo el mundo nace entre lágrimas. En eso no serás diferente. Pero entre el instante en el que nazcas de nuevo y el último segundo de una nueva vida habrá risas, no lo dudes. Y te mirarás en las fotografías con la sensación de que te has traicionado poco. Algo, probablemente. Los sueños no siempre se consiguen y todos aprendemos a romper promesas que nos hicimos. Pero para llegar a eso, hay que nacer de nuevo. Con la experiencia del fracaso como bandera porque de eso trata el aprendizaje: de arriesgarse, de probar, de poner un pie delante, mientras con las manos te enfrentas a la oscuridad, y después adelantar el otro pie, y caminar, y llegar lejos, o no. Porque al final lo que cuenta es el viaje y no la distancia.

Olvídate de quién eres. Ya no eres español, ni monárquico, ni tradicional, ni de banderas que se usan como excusas, ni de himnos que todo lo silencian, ni de nostalgias dañinas.

La memoria deformada no es memoria, es un relato, nada más. Por eso, debes olvidarte de quién has sido y preguntarte a ti mismo si detrás de esa mirada hay otras posibilidades, si hay una persona esperando oportunidades, si los marcos mentales están ahí para cambiarlos, o ampliarlos, u olvidarlos.

Olvídate de quién eres y enfréntate el mundo. Otros lo hicieron antes.

Àlex_Ribes

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