La insoportable levedad de los testículos

jose2

Estimado, o no:

Sé que no estaremos de acuerdo pero yo creo que los cojones están más sobrevalorados que el graduado escolar de Javier Cárdenas. Al fin y al cabo, ¿qué son los testículos? Dos gónadas. Dos grandes desconocidas. Y es que si vas por la calle preguntando a la gente qué son las gónadas, estoy seguro de que alguno te dirá que salen en la tercera temporada de Juego de Tronos. ¡Eh, que no te estoy diciendo que los testículos no sean importantes! Prefiero tener dos que uno o ninguno. Pero, desde luego, no lo son tanto como para cederles toda la responsabilidad en la construcción del relato de un país.

Los testículos tienen básicamente dos funciones: producir espermatozoides y andrógenos (sobre todo testosterona). Y ya está. Ahí acaba su aportación al funcionamiento de la sociedad. Te quiero decir con esto que en los testículos no residen, por ejemplo, las funciones cognitivas. Tú le preguntas a un testículo cuál es la suma de dos más dos y, como máximo, lo único que consigues es que se vaya hacia arriba acomplejado, un poco como cuando te metes en el agua del mar en marzo. Conoces esa sensación, ¿no? Ya sabes, el agua llega a la línea de flotación y los testículos deciden buscar lugares más cálidos. Como Julio Iglesias pero sin decir chorradas.

Además, los testículos no son motivo de inspiración literaria. De alguna manera son como el páncreas o la vesícula biliar. Se han hecho miles de poemas dedicados al corazón. En cambio, ¿has leído alguno dedicado al páncreas, a la vesícula biliar o a los testículos? Pues eso, que los testículos están sobrevalorados. Que sí, que son importantes si quieres dejar una herencia al mundo en forma de ser humano. Pero, incluso eso, tampoco es tan trascendental. Conozco a personas que han dejado al mundo como herencia su colección de sobres de azúcar. ¿Has visto en algún foro de internet de gente enfadada que alguien diga “viva España siempre con sobres de azúcar”? No. En cambio, siempre hay algún patriota con poca vida interior que cede a los cojones la responsabilidad de una sociedad teóricamente mejor. Definitivamente están sobrevalorados.

Gaudí no diseñó maravillosos edificios con los testículos. Gabriel García Márquez no escribió “Cien años de soledad” con los testículos. Picasso no trajo el cubismo al mundo con los testículos (aunque, en honor a la verdad, los utilizó a menudo en su vertiente más lúdica). Las grandes obras de la Humanidad, los acuerdos sociales, los derechos, la libertad de pensamiento, la igualdad, la justicia o la democracia no se han conquistado con los testículos. Y tampoco con los ovarios. Lo mejor de aquello que somos se ha conseguido con el cerebro. El cerebro es el responsable de la cognición, de la memoria, del aprendizaje, de las emociones. Es, en definitiva, el responsable de todo lo genuino, brillante, imaginativo, creativo y original que como seres humanos podemos regalar a la sociedad.

A no ser que te vuelvas hermafrodita y puedas tener descendencia por ti mismo como los caracoles, tus cojones no harán de España un país mejor. Ni los tuyos, ni los de patriotas sobremotivados incapaces de puntuar correctamente una frase. Todo está en el cerebro. Dijo Shakespeare que “el amor no se mira con los ojos, sino con la mente, y por eso al alado Cupido lo pintan ciego”. Las organizaciones sociales solamente se pueden mejorar con la suma de mentes brillantes. Lo que sucede es que la mediocridad nos puede llevar a confiar funciones cognitivas o emotivas, a partes de nuestro cuerpo que no las tienen. Por cierto, ¿sabes que cuando los romanos juraban decir la verdad se apretaban los testículos? De ahí viene el verbo “testificar”. Te invito a que lo pruebes. Pero con todas tus fuerzas, machote.

PD: gràcies a Trencadis @101ECV_GADGET per la captura de pantalla.

Àlex_Ribes

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