Niños que dibujan círculos de tiza

vallamanuel

Estimado, o no:

Hay niños que, cuando se enfadan, lo primero que hacen es gritar. Otros patalean. También hay niños que se callan. Algunos se esconden. Unos cuantos votan a partidos populistas y, demasiados, a líderes con menos carisma que un estropajo en un congreso de pañuelos de seda. Hay niños de cinco, ocho o diez años y hay niños con barriga cervecera y un palillo en la boca que vomitan impotencias en la barra del bar, mientras dibujan círculos entre tapas de calamares. Niños que sueñan con ser niños siempre y adultos que… también. Hay niños que te dicen: “ya no tajunto” si se sienten traicionados. Y, por supuesto, también hay niños que te niegan con vallas. Como venganza. Como pataleta. Como única salida intelectual a aquello que ni comprenden, ni están en disposición de entender.

Hay niños que dibujan un círculo con tiza en el suelo y no te dejan entrar. Otros se suben a un montículo para sentirse los reyes de la montaña con un “te prohibo subir”. Hay niños que marcan territorio, que te dicen “esto es mío y esto también”. La infancia es un lugar complejo, lleno de trampas que el tiempo desactiva. El egoísmo como mecanismo de supervivencia. Yo soy yo, y después yo… y después yo…

Hay niños difíciles, dictadores… niños que reclaman atención constantemente: mírame, mírame… ¿Has visto lo que hago? También hay niños que te abrazan cuando estás triste y que con una mirada te ofrecen lo mejor que tienen. Y hay niños que no han sabido ser adultos, por lo que continúan con los mismos esquemas mentales en su micromundo de plásticos de colores y portadas manipuladoras.

Hay niños que sueñan con ser presidentes de España. No parece difícil viendo los precedentes. Hay niños que sueñan con vallas para que no entren aquellos que desprecian, sin pensar que hay otras salidas al mundo. Hay niños que se ríen con los payasos. Y payasos que hacen miles de esfuerzos por saltar una valla de medio metro de altura, que intentan franquearla subiéndose a una silla y que lo único que consiguen es un buen golpe. Y hay payasos que bordean la valla, que escogen el camino más sencillo, el más lógico, mientras unos niños ríen por no haberlo sabido ver antes.

Y hay adultos, que una vez fueron niños, capaces de encontrar salidas donde los demás ponen vallas. Porque las peores vallas son las que no se ven. No se miden por su altura, ni por su longitud. No son de acero galvanizado, ni tienen alambres de espino como la de Ceuta. Pero son vallas que ni dejan entrar, ni dejan salir. Son vallas que pretenden someter.

El mundo es grande. Muy grande. El mundo no es solamente tu círculo de tiza en el suelo. En el norte siempre hay una estrella que brilla, para los niños, para los que nunca supieron ser adultos y, sobre todo, para los que recuerdan la infancia como la mejor época de la vida.

Àlex_Ribes

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