El castellano cabreado

castellano cabreado

Estimado, o no:

Cada vez tengo más claro que hay dos tipos de lengua castellana. Por una parte está la oficial, la de la Real Academia Española, aquella que “limpia, fija y da esplendor”. Como el Mister Proper pero con académicos con los que uno jamás se iría de vacaciones en modo “voy a desmadrarme, qué mojito más cargado”.

Después hay otro castellano. Yo lo llamo el castellano cabreado. Es una lengua agreste, carente de ortografía y que prescinde de un léxico amplio, variado y escogido con un cierto criterio estético. Gulipollas sería un ejemplo de neologismo que bebe sus raíces en… Dejémoslo en que bebe. Y a veces mucho.

El castellano cabreado acumula las palabras una detrás de otra y siempre provoca la sensación de que el predicado empuja al sujeto para adelantarle, mientras el verbo está más despistado que Álvaro Ojeda en una sesión de mindfulness. Se trata de un idioma que para los no iniciados resulta de una extrema complejidad. Para empezar, evita el uso de cualquier signo de puntuación. Eso provoca que resulte muy difícil identificar el final de una idea y el inicio de la siguiente. Bueno, seguramente sería más correcto decir que resulta muy difícil identificar una idea… y punto.

Es el castellano cabreado una lengua de voz de cazalla, pelambrera en el pecho que emerge tras una camiseta imperio, cañita fresca en la barra, tapa de tortilla de patatas de ayer y olor a fritanga en el ambiente. Cuando uno lee castellano cabreado se siente irremediablemente arrastrado al sabor de madera de un palillo en la boca y a una tele de bar encendida, donde Belén Esteban desarrolla su crítica epistemológica al uso del vodka en el gin tonic (¿se entiende el chiste?).

El castellano cabreado pone una b donde debería estar una v y viceversa (gran programa cultural, por cierto). Pagaría por ver a los usuarios del castellano cabreado recitando esta poesía de Marisa Alonso:

Juntas de paseo

Salen v y b,

y parece obvio

que se llevan bien.

La b es la más alta

no para de hablar,

bra, bre bri, bro bru,

blu, ble, bli, blo, bla.

La palabra verbo

juega con las dos,

con la v estuviste,

con b, estaba yo.

En resumen, el castellano cabreado es la lengua favorita de aquellos que divagan, a los que les sueltan pensamientos como confetti y cuyas manos sólo pueden abarcar retazos de algo que está ahí, en su mente, esperando salir cuando se aburren con el móvil y entran en las redes sociales. Al final, lo que necesitan son más abrazos. La soledad es muy grande cuando el mundo es tan complejo. Bra, bre bri, bro, bru, blu, ble, bli, blo, bla.

Àlex_Ribes

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