Es mejor estar callado y parecer tonto, que crearse una cuenta de Twitter y despejar las dudas

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Estimado, o no:

La frustración se define como el sentimiento que se genera en un individuo cuando no puede satisfacer un deseo determinado. Ante este tipo de situaciones, la persona suele reaccionar a nivel emocional con expresiones de ira, de disforia o de ansiedad. Es lo que en los congresos más importantes de psicología del mundo se conoce con el término científico de “estar jodido”. Bueno, quizás lo definen así en la fiestuqui postcongreso, pero ya me entiendes. Por cierto, ¿has visto a algún científico sexagenario bailar “Despacito”? Sí, es literal.

Por lo que respecta a la frustración, el punto clave para no soltar espuma por la boca, ponerse en plan “chico malote que se educó frente a la escuela” y quedarse sin letras en el Twitter (después de haberlas malgastado escribiendo todas las combinaciones posibles de la palabra “puta”) reside en la capacidad de gestionar y aceptar esta discrepancia entre lo ideal y lo real. Dicho de otra forma, si uno se levanta todas las mañanas pensando que es Ryan Gosling y el espejo solamente le devuelve una versión resacosa de Arévalo, tiene dos opciones: negar la realidad o aceptarla. Bueno, existe una tercera opción: intentar imitar las canciones de “La, la, land” explicando chistes homófobos.

Sin ánimo de estudiarte psicológicamente, ni siquiera de pensar que tu vida debe ser una especie de bolero con palabrotas (reloj no marques las putas horas, porque voy a enloquecer), sí que me atrevo a afirmar que tienes algún problema con Catalunya. Quizás fue una novia catalana que un día se dio cuenta de tu parecido con un Arévalo resacoso, o te sentaron mal unas “mongetes amb botifarra”, o le dio un golpecito a tu coche un señor de Castellfollit de la Roca, o es que se ha puesto de moda en España la serie “Odia a los catalanes, por si acaso”.

En fin, puedes vivir permanente con esa frustración o hacerle frente. ¿Te puedo dar un consejo? ¡Venga, sí! ¡Porfi! Es importante que sepas hasta dónde puedes llegar. Esto no quiere decir que seas un tío mediocre (bueno… quizás necesito más datos). Pero si conoces tus limitaciones, los tropiezos serán mucho menos duros. Por ejemplo, busca la conjugación del verbo callar. Yo callo, tú callas… Yo no me callo ni una, tú deberías callarte… O, parafraseando a Groucho Marx: es mejor estar callado y parecer tonto, que crearse una cuenta de Twitter y despejar las dudas.

Àlex_Ribes

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