El cuerpo de Girauta

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Está el cuerpo de bomberos. También el de seguridad del Estado. Hay cuerpos de élite y cuerpos hechos para el pecado. Y después está Girauta: un cuerpo hecho para legislar. Sus bracitos, sus piernecitas, su páncreas y su hígado legislan. Quizás sus testículos reaccionan ante un proyecto de ley del gobierno del PP poniéndose duros. Es posible también que el cuerpo de Girauta experimente escalofríos de placer al mirar a los escaños del PSOE. Al fin y al cabo, hasta 1986 sus huesos y sus cartílagos militaron en el partido socialista. O, por qué no, quizás sus músculos y sus tendones se tensen al recordar las tres ocasiones en las que se presentó como candidato en las listas del Partido Popular. Cuando uno ha nacido con un cuerpo para legislar, todo es posible. Incluso que te condecoren con la Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil. Y es que Girauta también tiene un cuerpo benemérito.

Sin embargo, Girauta no tiene un cuerpo para gestar. Carece de ovarios y de útero. Su cuerpo jamás experimentará los dolores del parto. Nunca podrá amamantar a un bebé. Aunque su cuerpo de legislador lo intente, Girauta no sabrá realmente qué es ser mujer y qué es ser madre. Para esas experiencias vitales tan sumamente importantes el cuerpo de Girauta no está diseñado. Tampoco está diseñado para gestionar emocionalmente un embarazo no deseado. Por mucho que el cuerpo de Girauta tenga bracitos, piernecitas, páncreas e hígado, jamás podrá saber qué se siente en esas circunstancias. Podrá poner carita de empatía, su boquita quizás dibuje una sonrisa cómplice y sus ojos intentarán enfocar la realidad de una mujer que desea abortar pero, aún así, el cuerpo de Girauta no sabrá qué se experimenta en una situación así.

Sería ideal que el cuerpo de un legislador fuese respetuoso. Especialmente si su culo está sentado en un sillón del Congreso. Sin embargo, el respeto no tiene que ver demasiado con los bracitos, las piernecitas, el páncreas o el hígado. Tener un cuerpo para legislar no siempre garantiza unos mínimos de educación. Pero hay una parte del cuerpo muy importante de la que no hemos hablado: el cerebro. Maravilloso órgano el cerebro. No sólo evita que algunos se hagan popó encima ante la visión de una urna. En el cerebro tiene su sede oficial la imaginación, la creatividad, la sensibilidad, la sensatez… Por lo que, al final, no se trata de legislar con el pene o de poner a los testículos como bandera de vete a saber qué. Seguramente la película trata de un diputado electo obligado a poner el cerebro al servicio de una comunidad. Por eso a los diputados se les paga tan bien. Se supone que su cerebro privilegiado es capaz, entre otras cosas, de mejorar la convivencia, de garantizar la justicia y de fomentar el respeto. No sé… dicen. Es que si al final se trata de elegir cuerpos, lo mejor será derribar el Congreso y el Senado y hacer un gimnasio.

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