La absurda manía de invadir

adolfito

Estimado, o no, fascista:

No creo que sea necesario mencionar ninguna aportación de la homosexualidad a la sociedad. Entre otras cosas porque el simple hecho de que existan personas que en la homosexualidad han encontrado una manera de expresarse afectivamente y/o sexualmente ya es una enorme aportación a la sociedad. Eso sí, te mencionaré un hecho que la heterosexualidad posibilitó y que ojalá la unión de un espermatozoide y de un óvulo se hubiese ahorrado: el zigoto de Adolf Hitler. Creo que somos muchos los que en aquél fatídico día de 1888 hubiésemos hecho un crowdfunding para comprarle al agente de aduanas, Alois Hitler, y a su mujer Klara Pölzl, un camión lleno de preservativos. No sólo eso, le hubiésemos pedido que, cada vez que sintiese la llamada de la selva, se pusiese dos en su austrohúngaro pene, por si acaso. No sólo nos hubiésemos ahorrado una Guerra Mundial y un genocidio, sino al ejército de desubicados que pululan por las redes sociales en busca de un poco de atención.

Vivimos unos tiempos difíciles. El narcisismo y el egoísmo han ido conquistando espacios poco a poco. Rotas ya las barreras que separan la esfera pública de la privada, ahora nuestra lucha diaria se centra en evitar que los desubicados invadan nuestra zona privada. Hay hombres que en el metro se abren tanto de piernas al sentarse que parece que tengan los testículos de un elefante africano. Sentarse a su lado es una invitación al aplauso por su Grand écart a lo Pina Bausch. Después están los que invaden tu silencio con una conversación en el móvil a grito pelado. Te enteras de lo que han cenado, de a qué hora tienen cita con el proctólogo y de en qué consiste un tacto rectal. Y después, claro está, hay un grupo de personas con aspecto antropomórfico cuya principal misión ideológica en la vida es evitar que otras personas a las que no conocen tengan relaciones sexuales y/o afectivas con personas de su mismo sexo. Al parecer, eso desequilibra su mundo de ignorancia y prejuicios, pone en duda su débil arquitectura mental y les deja con el reloj de arena de Windows escrito en su cabecita de manera permanente. Y entonces invaden. Como han hecho siempre. Y no es abrirse de piernas o gritarle al móvil. Va más allá. Es dedicar tiempo a limitar derechos en los demás, a anularles, a meterles dentro de un armario porque sí, porque “mí no entender”.

Y de eso trata el fascismo, el nazismo o el franquismo: de reprimir, de anular, de eliminar. Y está la obediencia de las masas. Y se hace desaparecer al individuo. Y se le juzga por su pertenencia o no al grupo. Y se aísla o directamente se elimina la discrepancia, la diversidad y, en suma, la libertad individual.

Dices que mencionemos alguna aportación de la homosexualidad a la sociedad. ¿Y tú? ¿Qué has aportado? Sorpréndenos.

Un reconocido homosexual llamado Oscar Wilde dijo que “si nosotros somos tan dados a juzgar a los demás, es debido a que temblamos por nosotros mismos.” Por cierto, observa cómo está su tumba en el cementerio Père- Lachaise de París. ¿No te das cuenta de que tu pregunta no tiene sentido?

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Àlex_Ribes

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