El porno y la autodeterminación

amarna

Estimada, o no:

Como eres una de las actrices porno más conocidas, déjame que te lo explique con un ejemplo cinematográfico y así lo tendrás chupado para entenderlo. Imagínate que un productor te ha contratado para rodar una de esas películas de poco diálogo y mucha acción. Empieza el rodaje y no estás a gusto. Los compañeros se ríen de ti en las redes sociales, te enteras de que cobras menos que otra actriz aunque tienes más escenas, hay un actor que se parece a Marhuenda y parte del equipo se pasa el día diciéndote que no te quejes, que eres una victimista, bla, bla, bla… mm… mm… mm… Tú estás ya como un jacuzzi: calentita del cabreo y burbujeante. No lo soportas más.

Después de haber intentado varias veces hablar con el productor para mejorar tus condiciones y de haber obtenido las correspondientes respuestas negativas, eso sí, en medio de comentarios, a veces paternalistas y a veces autoritarios, decides que quieres abandonar el rodaje. El productor te dice que está la ley, que tienes un contrato que cumplir. Tú le respondes que estás dispuesta a negociar a cambio de tu libertad contractual. Sin embargo, el productor se enroca en su posición argumentando que juntos estáis mejor y que la unidad en el rodaje es un buen preservativo. Vamos, que preserva al equipo de malos rollos. A ti, en cambio, el mal rollo te va en aumento. Lo que te dice el productor no resulta consolador para ti ya que, simplemente, no tiene en cuenta ni tus necesidades, ni tus sentimientos. El resto del equipo te mira mal, como a un vibrador en medio de una fábrica de flanes. No sólo eso, además te escupen en la cara que eres una interesada y que nadie verá la película por ti ya que son ellos los responsables del futuro éxito. Tú ya has desconectado de la película. Te da igual la unidad del equipo, los buenos momentos vividos en otras películas o lo que queda de rodaje. Lo que quieres es largarte cuanto antes de allí.

Un día, para que te calles, el productor reúne al equipo y le dice que todos vais a decidir si te puedes ir del rodaje. Alguien te dice: mira tu contrato. ¿Qué pone? Tú le respondes: que caduca en octubre. Esta persona responde: sí, ya. Eres actriz porno y te jodes. Hay unas risas en el fondo de alguien que cree ver un chiste en la respuesta. Tú protestas. Soy yo la que me quiero ir. Vosotros no decidís por mí. Te miran con cara de haber visto a Bob Esponja en un sex shop y deciden votar. El equipo lo forman unas veinte personas. Eso significa que jamás estarás en condiciones de superar demográficamente al resto del equipo. Tu derecho de autodeterminación se ha convertido en un derecho a la alterdeterminación que es, justamente, lo que te ha llevado a tomar la decisión de querer abandonar el rodaje. Eso sí, a fuerza de repetirla, la idea de que todos deben decidir por tu futuro ha penetrado fuertemente en el equipo.

¿Quieres saber el resultado de ese referéndum? Es fácil. Te quieren mucho, mucho, como la trucha al trucho. El equipo no desea que te vayas. De repente, les ha entrado un amor casi sexual por la victimista quejica. Quizás piensen que, si deciden que te quedes, seguirás cobrando menos y así el trozo de pastel a repartir será más grande para ellos. O quizás quieren que te quedes por una idea superior, patriótica, de amor a la profesión, a la unidad de los trabajadores del porno, a que los fluidos de esa vieja nación que es un rodaje cinematográfico se unan en perfecta armonía. Lo cierto es que, como no te clones, siempre tendrás la de perder en referéndums de este estilo. “Por no” llamarlo injusticia demográfica, yo lo llamo ir de listos.

Y ahora me voy a dar una ducha de agua fría y a ponerme el DVD de “Sonrisas y lágrimas”. No sé por qué me ha entrado mucho calor.

Àlex_Ribes

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