NEDI: la era Neurótico-Digital

nosurrender

Estimado, o no:

No sé cómo se relajaba la gente en la Edad Media (además de con lo que estás pensando, marranote). No había documentales de la 2, Jordi Hurtado aún estaba en la facultad y no te podías apuntar a sesiones de Mindfulness con un coach argentino que hablase raro (respirá con el alma, boludo feudalista). Algo debían hacer los caballeros entre batalla y batalla. Quizás después de cenar se dedicaban a algo que ahora se ha perdido: hablar. Supongo que en esas noches oscuras, sin Belén Esteban pegando gritos en la tele o Marhuenda haciéndole la pelota a Rajoy, existieron conversaciones interesantes en las que la gente se hacía preguntas más importantes que: ¿por qué cojones no me responde al whastapp?

Debía haber soledad en la Edad Media también y la gente tendría sus neurosis del tipo “le he enviado tres pergaminos y no me ha hecho un like”. Pero seguro que, más allá de solucionar las cosas a hostias mientras conquistaban territorios, tendrían sus momentos de introspección.

Vivimos ahora, en cambio, unos tiempos de extrospección. Pero no tanto por lo que supone etimológicamente de observación del mundo exterior sino porque tenemos la necesidad de explicarle la vida a los demás. Les llamamos “seguidores” porque “peña a la que explicarle mis miserias” es demasiado largo. Y así construimos poco a poco una imagen digital de nosotros mismos en las redes sociales, más o menos cierta y más o menos interesante, que supone la pequeña ventana al mundo de nuestras neurosis. Estamos de lleno en la era NEDI: lo que yo llamo Neurótico-Digital. Siempre han existido personas difíciles, personas que en un extraño momento de su vida han dejado de ser niños encantadores para convertirse en gilipollas asociales. Y seguro que ha sido así en la Edad Media, en el Renacimiento, en la Ilustración o en la era NEDI. Lo que sucede es que ahora las miserias intelectuales tienen más espacio que nunca. La tecnología lo ha hecho todo más fácil y ahora las neurosis se exteriorizan de una manera más sencilla. Por ejemplo, no me imagino a un desubicado de la Edad Media deseando llegar a casa para escribir en un pergamino algo así como. “nobles hijos de puta”. Que si busca el pergamino… la pluma… la tinta… que si escríbelo con letra gótica para que quede bonito… que si no tienes corrector… que si escribes nobles con v e hijos sin h y no lo puedes cambiar… un desastre. ¿Y después qué haces con el pergamino? ¿Camisetas? ¿Armaduras? Ahora, en cambio, los desubicados para relajarse utilizan Twitter. Y gente con cero seguidores y que siguen a cero personas se relajan insultando. Podrían hacer deporte, apuntarse a Pilates o estudiar el Grado universitario de onanismo (cuatro años con prácticas en empresas). Pero no. Deciden que su proyecto intelectual consistirá en insultar. Y así, cuando se mueran de aburrimiento por llevar una vida anodina, a lo máximo que podrán aspirar es que en su lápida ponga: troll de Twitter, nadie le echa de menos. Como dijo Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio, filósofo romano del siglo V d.C: más abrazos y menos redes sociales. Bueno, quizás no fue él. Pero quien lo dijo tenía razón.

Àlex_Ribes

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