Alerta demagógica del director adjunto de “Expansión”

martistalindemagogia

Estimado, o no:

Cierto. Si resucitara Stalin, seguramente vendría a Catalunya. Sería uno más de los casi dieciocho millones de turistas que nos visitan cada año. Movido por los múltiples atractivos de esta preciosa tierra y sus amables habitantes, Stalin bañaría su mostacho en alguna playa y disfrutaría de su gastronomía. Después ya no sé si querría marcharse a su tierra para pasar el invierno en Gori, de su Georgia natal.

Vería además un ambiente revolucionario. Quizás le extrañara su carácter pacífico y la petición negada una y otra vez de querer votar por parte de un estado supuestamente moderno. En este espacio antidemocrático que genera el estado español seguramente se sentiría más a gusto. Sin embargo, le despistaría el hecho de que las autoridades catalanas no envían a nadie a gulags, ni son responsables de la muerte de 800.000 presos como fue Stalin. Al revés, cierran cárceles antiguas y obsoletas donde el régimen franquista asesinó hasta su final a jóvenes como Salvador Puig Antich. Régimen que aún se expresa de manera autoritaria con tics com son la unión de los tres poderes (cuatro contando a la prensa) o la persecución judicial de líderes políticos por poner urnas de cartón a disposición de la ciudadanía. Y no hablemos de las declaraciones de militares trasnochados o fascistas que se creen poseedores de muchos derechos y pocas obligaciones.

Stalin también se quedaría un poco en fuera de juego si leyera las encuestas en las que casi el 80% de la población reclama votar en un referéndum de autodeterminación. Quizás se diera cuenta de que en las revoluciones no es necesario asesinar, sino que se trata de cuestionar antiguos regímenes a través de urnas y papeletas y se trata, también, de que la soberanía recaiga en el pueblo y ésta se respete. Tampoco tengo muy claro que supiera lo que es votar cuando en su régimen murieron 1,7 millones de personas en gulags y unas 390.000 fallecieron durante reasentamientos forzosos. Situación que ni ha sucedido en Catalunya, ni sucederá, por mucho que algunos plumillas vomiten bilis en sus cuentas de Twitter para intentar ser el más graciosillo de la clase.

A Stalin le encantaría Catalunya. Dependiendo de la edad a la que resucitara, quizás se subiera en el Dragon Khan o probara las nuevas atracciones de Ferrari Land. Vería que Catalunya tiene una economía dinámica y con mucho futuro, a pesar del expolio fiscal y de la política de infraestructuras centralista e injusta del estado español. Si hablara con los catalanes, es posible que se diera cuenta de su talento y de sus ganas de ser, de crecer. Y vería que los catalanes son de aquí o de allá y que en un mundo globalizado, más allá del origen, están las ganas de pertenecer a modelos sociales, políticos y económicos que garanticen el bienestar. También percibiría, sin duda, que más allá de disputas políticas hay mucha dignidad.

Además de disfrutar de su estancia, Stalin aprendería mucho sobre las aspiraciones de un pueblo de vivir en una auténtica democracia, sin personajes oscuros que pongan micrófonos en despachos de ministerios o que promuevan informes falsos de la policía para atacar al contrario. Lo único que le pediría a Stalin es que no se alojara en un piso turístico ilegal y que respetara este precioso territorio y a quienes vivimos en él. Y a ser posible, también le pediría que no escribiera tuits demagógicos y perjudiciales con aspiraciones de resultar chistosos, cuando lo único que consiguen es dialogar con el patetismo más enfermizo. En ese caso, a mí, solamente se me ocurre responder con un Да пошёл ты, со своими дурацкими идеями (si no me equivoco sería algo así como “vete a la mierda con tus ideas”). Pues sí, la mierda como ciudad de vacaciones, donde unos viven todo el año y el resto nos quedamos tranquilos con su alejamiento.

Àlex_Ribes

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