El proceso independentista explicado con mariposas para que nadie se ofenda #IsabelCoixet

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Había una vez una comunidad de mariposas rojas (lo del color no significa nada) cuyos volátiles miembros hacía tiempo que no estaban contentos. Supongo que tenían derecho. Que fuesen bellas mariposas no las inhabilitaba para tener sentimientos. Como dijo el Gran Mariposa: “somos sentimientos y tenemos mariposas humanas”.

Vivían en una comunidad de comunidades bajo la vigilante mirada de una Constitución de Constituciones. Podríamos decir que eran una comunidad de comunidades pluricultural y plurilingüística. Sí, niños, las mariposas tienen una larga historia de amores y desamores. Y para evitar que en algún momento las mariposas se llevasen mal, el artículo 2 de su Constitución de Constituciones decía: la Constitución de las Constituciones se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación de mariposas, patria común e indivisible de todas las mariposas, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas. Os lo traduzco, niños, la nación de mariposas es más indisoluble que el Cola Cao en cemento; las mariposas rojas, o las verdes, o las azules serán más o menos autónomas, pero que quede claro que un vaso de cemento con Cola Cao es imposible de disolver, te pongas como te pongas.

Como os he dicho al principio, las mariposas rojas no estaban contentas. No entraré en detalles sobre su estatuto de autonomía cepillado, sobre el déficit fiscal, sobre las infraestructuras o sobre otros temas porque esto es un cuento para niños y no un debate de La Sexta. Una parte muy importante de las mariposas rojas quería votar para decidir si se constituían como Estado independiente en forma de república y, por lo tanto, pasaban por completo de esa Constitución de Constituciones. Unas estaban de acuerdo en votar (la mayoría) y otras en no votar. Y de las que estaban de acuerdo en votar, unas querían votar “sí” y otras querían votar “no”. Lo que sucede es que a la mayoría de las mariposas verdes, azules, naranjas, violetas, etc, ya les estaban bien las cosas. Tenían un statu quo. No, no me gritéis, ya sé que son dos palabrejas extrañas. Statu quo significa “estado de las cosas en un momento determinado”. Por ejemplo, si Juan tiene una pelota de fútbol y sólo deja jugar con ella a los que le caen bien, ha creado un statu quo. Las cosas son como Juan quiere que sean y no cambiarán hasta que Juan no quiera que cambien. Si José se compra una pelota nueva, habrá roto el statu quo de Juan. Se tratará entonces de que Juan y José se pongan de acuerdo para crear un nuevo estado de las cosas. Otra posibilidad es que se den de guantazos hasta que una pelota acabe pinchada. No lo hagáis nunca, niños.

Pues bien, las mariposas rojas querían cambiar el statu quo. Estuvieran equivocadas, o no, ya no les parecía justa la situación a la que aquella Constitución de Constituciones les había llevado. El problema es que las otras mariposas no parecían muy dispuestas a cambiar nada. Sí, había una mariposa con coleta muy motivada, pero le faltaban apoyos.

Un día, una mariposa roja bloguera que quería votar y que además quería votar sí a un nuevo Estado con forma de república, leyó un artículo de otra mariposa roja que era cineasta (y muy cool, por cierto). Esta mariposa ni siquiera quería votar. De hecho, menospreciaba los intentos de otras mariposas rojas para poder saber de la forma más democrática posible lo que pensaba toda la comunidad de mariposas rojas sobre el cambio de statu quo. Y la mariposa bloguera se indignó al leer el artículo. Decía cosas como:

Desde hace mucho tiempo se promueve y fomenta continuamente el desprecio hacia las otras comunidades de mariposas. Esto es una especie de cansina vuelta al patio del colegio: ese es tonto; el de más allá, un vagazo. Como persona viajada que soy puedo dar fe de que la tontería y la pereza no son patrimonio exclusivo de ningún pueblo del mundo.

Frases como éstas le hicieron escribir una carta a la cineasta en su blog porque:

a) no decía quién fomentaba ese desprecio, con nombres, apellidos y situaciones en concreto,

b) no hablaba del desprecio (perfectamente demostrable) que recibían las mariposas rojas de mariposas de las otras comunidades (algunas con importantes cargos políticos mariposiles) y

c) dejaba entrever que ella era una persona muy viajada y las mariposas que querían votar “sí” eran unas provincianas cuyo único proyecto vital era menospreciar a esa élite cosmopolita que te miraba por encima del hombro (bueno, quizás las mariposas no tienen hombros pero ya me entendéis).

Y por eso la mariposa escribió una carta. Porque, de alguna manera, le quiso decir a la mariposa cineasta que ella misma había viajado a unos veinticinco países, que se defendía en cuatro idiomas, que leía mucha literatura extranjera, veía mucho cine de otros lugares y que la práctica totalidad de la música que escuchaba eran canciones con letras en inglés. Y también la mariposa bloguera quiso decir que eso no era una heroicidad, que era muy habitual y que desear cambiar de statu quo no tenía nada que ver con haber viajado. Porque una cosa es ser naíf y otra cosa es ser una snob. Porque una cosa es criticar el nacionalismo de los demás y otra cosa es no ver el propio. Y porque una cosa es hacer películas de ficción y otra cosa es entender una realidad compleja, formada por personas complejas, por deseos, por contradicciones y por necesidades que ni siquiera cabrían en toda su filmografía. Pero, al fin y al cabo, a quién le importa la vida de unas mariposas rojas que no deberían ser tan pesadas cuestionando el statu quo en el que unas mariposas viven bastante bien a costa de otras y en el que suelen verse amenazadas aquellas que se benefician del sistema. Así ha sido siempre y así será en las comunidades de mariposas.

Y colorín, colorado, este cuento ni de coña ha acabado.

Nota del autor: espero haber sido políticamente correcto con este cuento. También espero que nadie se haya sentido molesto, ofendido, ultrajado, herido o que haya necesitado asistencia médica. Prometo que ninguna mariposa ha resultado herida en la creación de esta ficción y que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

nou final

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