Las vacaciones de un mindundi de clase media

pablo

Y estás allí plantado. Y te sientes vulnerable, pequeño, casi invisible. También te sientes maltratado… ignorado… pisoteado… No sabes cuántas horas llevas esperando. Tus hijos están nerviosos. Miras a tu pareja y no sabes qué decir. En tu mano están las tarjetas de embarque que marcan una hora que cada vez está más próxima y un DNI a punto de caducar donde sales diez años más joven y menos quemado por la vida.

¿A qué esperamos?, dice el pequeño.

Y a ti no te apetece explicarle qué es una huelga. Te limitas a preguntarle si tiene sed y le das la botella de agua sin que responda. Recuerdas el día que fuiste a la agencia de viajes y dejaste allí tus ahorros. Te vienen a la memoria las horas de curro que te costaron. Y sí, te cagas en los huelguistas. Son tus pensamientos, al fin y al cabo. Te pertenecen. Y sí, es políticamente incorrecto decirlo… pero lo piensas. Como ellos, también curritos como tú, se cagarían en ti si les jodieras sus merecidas vacaciones. ¿O no? Porque sí, la solidaridad de clase está muy bien, que se fastidie el empresario hambriento de beneficios, los trabajadores tienen derecho a hacer huelga… que sí… que queda muy bien sacar la pancarta… pero muchos de los que están delante o detrás tuyo en la cola también son trabajadores y esperan reciprocidad. Algunos tienen la sensación de que allí o en otras situaciones están solos. Con obligaciones pero sin derechos. Cuando agachan la cabeza ante un jefe cabrón o ante cambios de horario sin avisar, están solos. Pero no lo dicen. Se callan. Y es que queda fatal decirlo porque de boquilla somos todos muy solidarios y montamos revoluciones en las tertulias de bar. Somos Juana de Arco con nómina y una retención en el IRPF.

Y allí estás, comiéndote con patatas una cola de horas. Y no escribes nada en el Twitter porque te juegas el hecho de recibir un ataque de decenas de personas que no conoces y que te dirán de todo. Pequeño burgués… cabrón… que no te toque a ti… insolidario… Y te hablan de la lucha obrera… del sí se puede… y a ti te la pela porque te has dejado los ahorros de currito en tu semana de vacaciones. Si escribieras algo quejándote, es probable que uno de esos que saben de todo llenara el timeline de pobres ballenas a punto de ser cazadas por un barco lleno de japoneses. Por un momento (o tres o cuatro momentos, porque hay mucho rato por delante con tus pensamientos) te sentirías fatal. El capullo también te hablaría de Engels. Y a ti te importaría poco si era un delantero del Arsenal o un filósofo y revolucionario alemán, amigo y colaborador de Karl Marx, así como coautor con él de obras fundamentales para el nacimiento de los movimientos socialista, comunista y sindical, y dirigente político de la Primera Internacional y de la Segunda Internacional. ¡Que tú también tendrías la Wikipedia en el móvil! Y mirarías su cuenta. Y verías que sólo tiene nueve putos seguidores. Y pensarías que no podría ni formar un equipo de fútbol con ellos y que sería mucha casualidad que uno de esos nueve seguidores estuviera mirando el móvil para leer sus chorradas. Y entonces tus pensamientos se interrumpen para regresar a la realidad. Y miras al techo y piensas que ojalá fueses una ballena porque podrías mover el culo en el control de seguridad y mandar todo a la mierda. Ojalá estuvieran los dirigentes de AENA. ¡Mira mi culo de ballena cómo se mueve! ¡Venga, el escáner ha acabado en la pared! Y los ministros, que la única cola que hacen es para salir del puerto con su yate. ¡Toma culazo de ballena! ¡A tomar por saco el arco detector de metales! Y los directivos de esa empresa de seguridad que, casualmente, sólo tienen problemas laborales en tu aeropuerto. ¡Mirad cómo mi culazo de ballena hace twerking! ¡Venid aquí a negociar!

Y en medio de una paradoja vital, llegas al control de seguridad lleno de inseguridades. Por una parte, te gustaría gritar a los responsables de seguridad y, por otra, ves lo puteados que están. ENTONCES TE SIENTES MAL POR TODO LO QUE HAS PENSADO. 

****NOTA DEL AUTOR: HE ESCRITO LA ÚLTIMA FRASE EN MAYÚSCULAS Y EN NEGRITA PARA EXPRESAR QUE:

A) NO ESTOY EN CONTRA DE LA HUELGA DE EULEN.

B) SÍ. TIENEN DERECHO A HACER HUELGA.

C) TAMBIÉN LOS PASAJEROS TIENEN DERECHO A NO SER TRATADOS NI COMO REHENES, NI COMO BULTOS SOSPECHOSOS.

D) ESTOY HARTO DE QUE CADA VEZ SEA MÁS COMPLICADO VIAJAR EN AVIÓN.

E) TAMBIÉN LA CLASE MEDIA TIENE DERECHO A UTILIZAR SUS AHORROS COMO CREA CONVENIENTE SIN RECIBIR LA REPRIMENDA DE APRENDICES DE MAYO DEL 68 O DE PIJOS EXPLOTADORES.

F) ME CABREA MUCHO QUE MUCHOS SUPUESTOS LÍDERES POLÍTICOS SE HAYAN DESENTENDIDO DE UN GRAVE PROBLEMA DE SEGURIDAD Y DE IMAGEN INTERNACIONAL.

AHORA PROSIGAMOS CON LA FICCIÓN. Y ES QUE QUIERO RECORDAR QUE ESTO ES UNA FICCIÓN QUE PUEDES ABANDONAR CUANDO TE DÉ LA GANA.

Ponga todo lo que lleve en los bolsillos en una bandeja”. Se te ha colado la inglesa de detrás que no dejaba de decir fuck, shit y motherfuckers. No tienes ganas de peleas. Pasas por el arco. ¡¡¡Piiiiiiiiii!!!. Te has olvidado de quitarte las gafas. El huelguista de servicios mínimos te ordena que te quites los zapatos. Te cachea ante la desaprobación de una vieja que te mira como si fueses El Vaquilla. Tienes un agujero en el calcetín. Un adolescente con un proyecto de bigote sobre los labios te hace una foto. El dedo gordo de tu pie derecho ya está en Instagram. 123 likes y 12 memes que circulan por las redes sociales.

Llegas a la puerta de embarque. El vuelo se retrasa… mucho. Un niño llora. Un imbécil pone música en su móvil. ¡Mamonazo de Enrique Iglesias! El del gorro mejicano comprado en las Ramblas huele a sudado. Por fin se forma la cola. Las tarjetas de embarque están arrugadas. No hay finger para tu vuelo low cost. Te suben en un autobús, como cada día cuando vas a trabajar con esa alegría que se contagia. Subes la escalerilla ayudando a tus hijos, mientras haces equilibrios con el equipaje de mano. Ya estás dentro del avión. Te saluda una azafata que lleva tanta laca que te alegras de que en el vuelo no se pueda fumar a su lado. Una italiana dirige el tráfico de su familia en el pasillo obstaculizando el paso. Non so cosa stai dicendo amica… ma vaffanculo! Tampoco lo gritas porque es el único italiano que sabes.

Por fin, te sientas. Eso sí, dos filas delante de tu familia. Das gracias a San Airbus por no ser muy alto ya que los tipos de 1,90 lo pasan fatal en esos puntos de engorde temporales. Y hablando de engorde: un obeso se sienta a tu lado y te parece oír un plop. Ya está encajado. ¿Alguien se ha quitado los zapatos o es que había un cadáver del vuelo anterior? Te quedan tres horas de vuelo por delante, tiempo suficiente para desear que en el viaje de vuelta no haya overbookings, retrasos, anulaciones o huelgas de pilotos, controladores aéreos, auxiliares de vuelo, personal de tierra, desastres naturales o amenazas terroristas. Deseas poder volar. Porque eres un mindundi de clase media, con tu semanita anual a miles de kilómetros de aquí, un afortunado, un capitalista con nómina y paga extra. Y no tienes derecho a quejarte. ¡Y una mierda! ¡Claro que tienes derecho a quejarte! Tienes derecho a viajar y a ver mundo aunque las ballenas mueran y la lucha obrera, como dijo Ismael Serrano, se siga preguntando por qué bajo los adoquines no había arena de playa.

Nota del autor: como Pablo Echenique se ha acordado de los trabajadores en huelga, pero no de los trabajadores en sus merecidas vacaciones que han cometido el pecado de viajar en avión, ni de los catalanes que sufrimos cada día la inoperancia, la mediocridad y el boicot del Estado español en nuestras propias carnes, dedico este relato de ficción a todos los pasajeros de El Prat que no tienen la más mínima culpa de nada pero sufren la incapacidad de dialogar de otros. ¡Va por vosotros con todo mi cariño!

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