Un buen manzanazo en la cabeza

catalangallego

Estimado, o no:

No sé si la ignorancia está indefectiblemente unida a la intolerancia o si caminan por separado. Lo cierto es que la ignorancia solamente tiene sentido cuando es el motor de la curiosidad, mientras que la intolerancia no tiene sentido nunca.

En realidad, todos somos ignorantes. Nacemos llorando, tardamos un año en caminar, dos en hablar con un cierto sentido (algunos necesitan cuarenta años más) y toda una vida para entender qué es esta extraña experiencia de tener bracitos, piernas y un cerebro. Nuestro paso por esta vida puede ser la de ignorante vocacional o la de ignorante que quiere dejar de serlo. Al final es un proceso de elección porque tampoco se trata de contabilizar neuronas (más o menos tenemos todos las mismas). Elegimos investigar o no, elegimos leer o no, elegimos escuchar o no, elegimos viajar o no, elegimos… elegimos… elegimos. Por lo tanto, el tonto, el mediocre, el inútil, no nace, sino que se hace. A fuego lento, con el chup-chup de la apatía existencial y los ingredientes de alguien que no supo vivir.

La intolerancia quizás sea hija de la ignorancia, pero no siempre. También puede ser hija de la maldad. Porque sí, en el mundo existe maldad y aunque no debemos contemplar la realidad como un escenario binario de buenos y malos, hay mucho cabrón suelto. Hay gente que llena las redes sociales de estupideces con la única idea de hacer daño (lo patético de la situación es que suelen tener pocos seguidores. Al fin y al cabo, es mucho mas grande en comparación el número de personas que siguen a otras por su capacidad para alimentar su inteligencia y no su rabia).

Uno de los síntomas más claros que España posee en cuanto a su capacidad para albergar a un numeroso contingente de inútiles motivados es su tendencia a odiarse. Este contingente odia su cultura, odia sus posibilidades, odia su diversidad. Pero no sólo eso, además este país concede en ocasiones altavoces muy potentes al contingente de tontorrones. Les ríe las gracias, les aplaude e, incluso, les coloca en puestos directivos de empresas o les concede cargos políticos. Y así estamos. Se desprecia, se estigmatiza, se aparta, se ningunea todo aquello que ni se comprende, ni se quiere comprender, en base a una dictadura de la mediocridad producto de la ideología de lo mono: monolingüe, mononación…

Issac Newton reflexionó acerca de la gravedad terrestre a partir de la caída de la manzana de un árbol. Nos podemos alegrar de que no viviese en estos tiempos de miseria intelectual porque es probable que se hubiese limitado a escribir un tuit del tipo: “las manzanas y las peras son la misma mierda que habrían desaparecido si no hubiera tanto borrego que se las comiese”.

nou final

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