Yo astimu Catalunya i astimu as catalangs

preguntadeldia

Estimada, o no, pregunta del día:

Desde que empezó el proceso de independencia catalán, llevo en contacto de una manera bastante profunda con todo lo que se comenta en las redes sociales y en los medios de comunicación. Y de alguna manera, este acercamiento y este estudio acerca de la opinión pública y publicada, han sido una epifanía respecto a la idea que tenía de España y de los españoles (de una parte de los españoles, para ser más exacto). Si he de ser sincero, jamás me había planteado en profundidad lo que sentían acerca de este país determinados sectores de la sociedad. Sabía, eso sí, que el franquismo, la monarquía y un cierto nacionalismo español cercano al ridículo eran conceptos incuestionables por parte de mucha gente.

Al cuestionar un amplísimo sector de la sociedad catalana el establishment surgido a partir de una transición que tuvo de todo menos de modélica y al argumentar la existencia de una relación injusta del Estado con Catalunya, han aflorado todo tipo de pensamientos y de sentimientos que no dejan de sorprenderme. He percibido, por ejemplo, la constante negación de la diversidad cultural y lingüística. Por parte de un elevado número de personas se contempla el castellano como la única lengua útil. Las otras lenguas se perciben como variantes folclóricas sin futuro que distorsionan una determinada idea de país y que ponen en crisis un marco mental centralista. Por otra parte, las redes sociales se han llenado de amenazas e insultos; los medios de comunicación se han dedicado, no sólo a tergiversar la realidad, sino ya directamente a inventarla y muchos políticos (demasiados) han buscado resultados electorales en los discursos del menosprecio, por no decir, del odio.

Cuando un colectivo se siente (sí, he dicho, SE SIENTE) menospreciado, insultado o ninguneado, puede reaccionar de muchas maneras. De hecho, se podrían sintetizar en tres: sumisión, agresividad o asertividad. Al poder establecido, al poder que le va bien el statu quo, al que no quiere que cambie nada para seguir con sus privilegios, la sumisión le va como anillo al dedo. La “pregunta del día” sería: ¿cómo lograr la sumisión de la sociedad? No hay más que coger cualquier libro de Historia para saber la respuesta: miedo. El poder siempre ha intentado gestionar el miedo para que los colectivos no se reboten. Era así en la Edad Media y continuamos igual. Lo que sucede es que a veces los colectivos que se sienten rehenes de un sistema superan el miedo. El futuro se presenta como una oportunidad. Y sacar durante varios años a millones de personas a la calle, créeme, es una buena herramienta de cambio y un buen síntoma de esa pérdida del temor.

¿Y qué tal la agresividad? Obviamente jamás es el camino. Las espirales de violencia son incontrolables y restan todo el valor a los argumentos. No hay más que ver el rendimiento periodístico que le han sacado los medios a que unos jóvenes hicieran una pintada a un autobús turístico en Barcelona.

La asertividad, en cambio, es un instrumento sensacional. Te explicas, verbalizas tus opiniones, te manifiestas pacíficamente pero la forma no impide (al revés, da fuerza) que el fondo se diluya. Y así estamos en Catalunya. Pedimos votar para contarnos. Porque la “pregunta del día” no es qué nos sentimos. Y es que puedo asegurarte que la desconexión emocional respecto a España es muy profunda en muchas personas. Y eso no hay Constitución que lo impida, ni una vicepresidenta en un patético vídeo diciendo “yo astimu Catalunya i astimu as catalangs” que pueda revertirlo. Las “preguntas del día” son las siguientes: ¿por qué muchos queremos que se nos deje de obligar a que nuestras vidas y nuestro futuro dependa de un Estado que nos ha fallado? ¿Por qué no podemos realizar un proceso democrático consistente en la creación de un nuevo Estado más amable con nosotros? ¿Por qué las leyes se convierten en prisiones mentales y no en instrumentos para vehicular deseos colectivos? ¿Por qué la sociedad europea del siglo XXI no debería aceptar la creación pacífica de un Estado cuando además ya hay precedentes? Y la más importante de todas: en el caso de que no se realice el referéndum y todo quede en tablas temporales, ¿cómo podrá gestionar el Estado español y las autoridades de la Generalitat la desconexión emocional, la desafección o incluso el rechazo a una determinada identidad que sentirán muchas personas de las próximas generaciones? Por eso, de emigrar nada. Lo que debe emigrar es la manía de intentar humillarnos. Per cert, jo sí m’imagino Espanya sense els catalans. Ens trobareu a faltar. No tinguis cap dubte.

nou final

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