A 6.174 kilómetros #Barcelona

times square

Como no sé por dónde empezar, os regalaré la foto de Times Square que hice el pasado viernes. Supongo que algunos os habréis extrañado de la ausencia de actividad en el Blog durante estos días tan complicados. La razón es muy simple: estaba en Estados Unidos de vacaciones. De hecho, el atentado en Barcelona se produjo mientras me encontraba en el MOMA, disfrutando de Picasso y Hopper. Os puedo asegurar que a partir de ese momento dejó de interesarme la visita porque el shock fue enorme. Debo admitir, por lo tanto, que el seguimiento de los acontecimientos lo he realizado sobre todo a partir de las redes sociales. No sé si es bueno o malo… pero es. ¿Y qué he percibido en la distancia? Un caos de sensaciones positivas y negativas.

Como positivas he visto la respuesta de las autoridades catalanas, de los mossos d’esquadra, de la guardia urbana, de los servicios de emergencia, de hospitales, de taxistas y, en general, de la sociedad civil. He visto que el estado catalán se ponía en marcha, sin complejos, con competencia y profesionalidad y con mucha dignidad. La respuesta ciudadana me ha parecido profundamente emocionante. Y no sólo en Catalunya. He visto muestras preciosas de solidaridad en equipos de fútbol como el Sevilla o el Betis (por poner solamente un par de ejemplos), al nadador Fernando Álvarez que guardó un minuto de silencio en una prueba de natación a pesar de perder la prueba, a la Cibeles con los colores de la senyera, a la Blanquerna de Madrid llena de notas de cariño… y he visto a decenas de usuarios españoles de Twitter dando ejemplo de educación, de afecto y de sensibilidad. Hay personas que quieren ejercer de seres humanos y lo hacen sin ningún esfuerzo porque lo llevan integrado en su sistema de creencias. Eso no tiene nada que ver con tu lugar de nacimiento.

Pero también he visto durante estos días muestras de lo peor que puede tener un ser humano. Siempre he creído que en los funerales lo mejor es guardar silencio. Existe en algunas personas la tendencia a meter la pata. De hecho, lo hacen a diario. La diferencia es que en un contexto de dolor su falta de tacto queda aún más marcada. He visto catalanofobia a raudales en las redes sociales, hecho que no me sorprende pero que me indigna especialmente en estas circunstancias. He visto cómo imbéciles (sí, es de ser imbéciles) se quejaban de los tuits en catalán de los Mossos cuando estaban escribiendo en cuatro idiomas diferentes con una claridad, una transparencia y una eficacia impresionantes (bravo por su community manager); he visto titulares de periódico ridículos, patéticos, execrables y a directores de dos medios que antaño tuvieron prestigio revolcarse en el lodazal del morbo y el sensacionalismo (El Periódico y La Vanguardia); he visto la asquerosa viñeta de Peridis en contraposición con el maravilloso regalo que nos hizo Forges y he visto a bastantes medios de comunicación, no ya manipular, sino mentir sin ningún tipo de escrúpulos. Se ha mentido al atribuir a Carles Puigdemont declaraciones que no ha hecho o cuando hoy mismo La Gaceta ha publicado que Younes Abouyaaqoub era voluntario para el referéndum. Lo de que el mosso que abatió a los terroristas en Cambrils había sido formado en la Legión es, simplemente, un chiste malo.

¿Y qué he visto en el Estado español? Desconexión total. He tenido la sensación de que ya no quiere pintar nada en Catalunya más que la propaganda patriótica de siempre. Llega el presidente del gobierno y saca otra vez el discurso de la unidad. Viene el Rey y más de lo mismo. Además, él y la reina se fotografían con menores en el hospital como si fuese el NO-DO (además los medios no pixelan el rostro de los niños). Aparece de la siesta veraniega el ministro de interior, nada más y nada menos que 48 horas después del atentado en Barcelona, y afirma que el comando ha sido desarticulado. Ayer los Mossos d’Esquadra acabaron con el autor material del atropellamiento dejando a Zoido con el culo tan al aire que se podrían aparcar bicicletas. He visto a Enric Millo confirmar sin quererlo el boicot que han sufrido los Mossos por lo que respecta a su internacionalización. En fin, ya sé que no es momento de hablar de independencia pero… es que son muy cutres.

¿Y ahora, qué? Me remito a un tuit que escribí en el precioso jardín del MOMA: nos esperan unos meses muy difíciles. Necesitamos seny, mucho seny. También mucha inteligencia, en las redes sociales y fuera de ellas. Y, sobre todo, respeto a las víctimas, cariño a su entorno, educación, solidaridad, rechazo a todos aquellos que quieran sacar provecho político, dejar de comprar o darnos de baja como seguidores de aquellos medios de comunicación que no han estado a la altura de los mínimos estándards de calidad periodística, no compartir imágenes de fallecidos, no caer en xenofobias castradoras de sociedades convivenciales y, sobre todo, intentar ordenar nuestra mente porque el caos de estos días ha sido brutal. Lo dice alguien que lo ha vivido a distancia. Para todos aquellos que lo habéis vivido de cerca, me imagino que ha debido ser brutalmente doloroso.

Me despido también con otro tuit que escribí desde la habitación del hotel: ramblejarem, viurem, estimarem, guanyarem. Además, este humilde bloguero envía besos a Barcelona, Cambrils, Ripoll, Alcanar y Subirats. 

nou final

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