Crónicas Murcianas

FernandoLopezMiras

Estimado, o no:

Se agradece el esfuerzo por no resultar grosero. Otro en tu lugar hubiese dicho: “catalufos, mirad vuestro DNI bibaspaña”. Sin embargo, has optado por la lírica-botánica y eso habla muy bien de ti. Si te gusta la naturaleza, seguro que eres un buen tipo. Y si eres naturista, mejor aún. Todavía no hay cantantes de reggeaton que canten en pelotas, ni banqueros que den préstamos enseñando su Euribor.

El campo de la lírica-botánica te hubiese permitido también un “sois los capullos del jardín de España” pero, repito, has estado muy comedido y no sabes cuánto se agradece en estos tiempos de incontinencia tuitera. Sin embargo, me gustaría corregirte en algunos aspectos. Ahora somos las “raíces”. No has especificado si son de cabello o de una planta. Si fuésemos raíces de cabello, me resultaría muy fácil señalar a quién actúa de caspa en estos tiempos de símiles desafortunados. De hecho, hay seres antropomórficos cuya mentalidad parece estar hecha de una mezcla de seborrea y prepucio de vampiro. Pero como no creo que tu símil vaya por ahí, me quedaré con esa idea de lo lírico botánico tan bonita. En mi libro Santillana de Ciencias Naturales de EGB venía un maravilloso dibujo de una planta y un texto que explicaba sus partes. Si no recuerdo mal la raíz es un órgano que se introduce en la tierra. Nadie la ve. Está ahí, haciendo de sostén de todo el sistema, de ese ser vivo que nace, crece, paga impuestos, espera contraprestaciones y muere (o algo así). La raíz, por definición, es discreta, no protesta. Se hunde en la tierra lejos de las miradas. Además, la raíz tiene una función muy importante: absorbe los nutrientes necesarios y los reparte (o mejor dicho, los cede) al resto de la planta. En resumen, la raíz está hundida en la tierra, en su mundo secreto, viendo cómo pasa por su interior lo más importante y sin que nadie se detenga para observar su belleza. En cambio, las flores son objeto de todas las atenciones. Les hacen fotos, las ponen en carpetas para adolescentes cursis o en Facebook acompañando a imágenes de gatitos. Hasta los poetas les dedican versos o, incluso, hay mujeres que adoptan sus nombres: Rosa, Margarita, Marihuana… Bueno, déjame que me documente sobre este último nombre. Total, que ser raíz es una mierda como un piano. ¡Nadie en su sano juicio le pone Raíz a su hija! Como máximo ponemos zanahorias o patatas a la ensalada. Pero el resto de raíces tiene una vida bastante penosa.

Yo no quiero ser raíz. Yo no quiero hundirme en la tierra, ausente del contacto con el mundo exterior, sin poder protestar y reivindicar que existo, sin la posibilidad de que la gente admire mis talentos, viendo pasar la riqueza por mi interior y siendo eternamente solidario con los que se pasan el día recibiendo el calor del sol o subvenciones de la Unión Europea. No quiero que el tronco o las ramas me digan que sin ellos no soy nada. ¡Quiero ser toda la planta! Quiero crecer. Quiero moverme al viento. Quiero que me dé el sol cada día. Quiero vivir con independencia. ¡Lo quiero todo! Por eso, permíteme que te diga que nadie va a extirpar nada, que cuando das por supuesto que unos somos raíces y otros flores, estás perdurando la idea de que hay diferencias pero que siempre ha de ser así. No, los catalanes no somos las raíces de España. Muchos catalanes lo que queremos precisamente es dejar de ser esa parte del sistema oculta, productora, infravalorada y sin más recompensa que el autoelegido líder del Comando de Liberación Murciano se ponga poético. Eso sí, como te decía al principio, mejor la lírica-botánica que el clásico “putos catalufos”.

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