Arturo, Arturo… no te metas con Assange

assange

Estimado, o no, Arturo Alatristre:

En los patios de los colegios hay unas normas no escritas por lo que respecta a los insultos pero que permiten sobrevivir en unos hábitats tan peligrosos. La primera norma no escrita sería abstenerse de insultar a alguien que tenga un peso corporal muy superior al tuyo. Quizás te caiga muy mal el niño que te acaba de hacer una entrada de tarjeta roja en el partido improvisado con el papel de aluminio de los bocatas. Pero si ese niño pesa diez o quince kilos más que tú, es mejor comerte el orgullo porque:

a) no hay árbitro y

b) no hay árbitro.

Como decía Cruyff, puedes aprovechar cualquier momento y darle “un pequeño castaño” sin que se note mucho, pero intenta que sea en medio de un barullo de niños para que la identificación sea complicada porque, recuerda:

a) no hay árbitro y

b) no hay arbitro.

Hay otros niños a los que tampoco es conveniente insultar: a los dueños de los balones. Es lógico pensar que te quedes sin jugar. ¿Por qué te crees que Kim Jong-Un piensa que tiene tantos amigos en el interior de su país? No es amistad, son misiles balísticos.

Eso sí, de todas las normas no escritas por lo que respecta a los insultos, la más importante es no insultar. El insulto es un recurso carente de originalidad, vehemente y que dice poco de los recursos del autor. Y ya no te digo si es un escritor.

En las redes sociales también hay normas no escritas respecto a los insultos. Y también la más importante consiste en no insultar. Pero de todas las normas, hay una que quiero destacar: no insultes al hacker más famoso del mundo. ¿O es que no has visto Mr. Robot? Dale un ordenador con conexión a un hacker y un día te puedes ver en la sala de interrogatorios de la policía de cualquier aeropuerto del mundo, con un tío de dos metros de altura detrás tuyo y unos guantes de látex en sus manos mientras rezas el “jesusito de mi vida” ante una exploración anal en busca de droga. Por eso, Arturo, creo que de todas las personas con las que uno no debería meterse jamás en Twitter es con un hacker. Piensa, además, que Assange tiene mucho tiempo libre en su confinamiento en la embajada de Ecuador en Londres. Debe estar hasta los wikis de la comida criolla y el Aguado de Gallina. Dale un móvil a este tío con 4G y te hace un Wikileaks en menos de lo que tardas en decir “motherfucker”.

Has de trazar un plan, Arturo. En primer lugar, formatea tu ordenador. ¿Qué digo formatear? Cómprate un martillo y hazle un Bárcenas. Directo al disco duro. Dale de hostias hasta que sudes sangre rojigualda y oigas al pajarraco del PP dando vueltas sobre tu cabeza. Después, cómprate una buena libreta, un boli y escribe a mano tu próxima novela. Piensa que, si no lo haces, un día tus memorias se pueden llamar: “Assange hackeó mi vida. El relato de mi lucha diaria por encontrar un cajero automático que me dé dinero sin que venga la Guardia Civil a pedirme la documentación”.

nou final

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