Por vosotros sigo siendo independentista

larazon

Por vosotros sigo siendo independentista. Porque mentís, ninguneáis, menospreciáis e, incluso, insultáis un movimiento social tan apabullante, cívico y pacífico como es el independentismo catalán. Porque me exigís argumentos cuando los únicos que ofrecéis son la persecución, las inhabilitaciones y las actitudes prepotentes. Es un no a todo, como argumento político y actitud vital. No, por si acaso. No, como medida preventiva. No, antes de que me preguntes nada. No, no y mil veces, no.

Sigo siendo independentista porque no tengo el Estatut que voté. Lo recortasteis, lo cepillasteis como dijo Alfonso Guerra. Y no sólo eso, porque existen treinta artículos calcados en el estatuto andaluz que el PP recurrió solamente en el caso del catalán. Si eso no es cinismo…

Sigo siendo independentista porque está demostrado el déficit fiscal que sangra nuestra economía. 10.000 millones anuales reconocidos la semana pasada por el Ministro de Hacienda. 16.000 según otro tipo de cálculos. Porque quiero que todo el talento, la innovación y la creatividad de empresarios y trabajadores catalanes tengan detrás un Estado que les apoye y no los someta bajo la sobrevalorada, manida y gastada unidad de España. No es café para todos. Es para unos cuantos. Y además algunos ponemos el azúcar.

Por vosotros sigo siendo independentista. Porque miráis el dedo y no la luna cuando alguien la señala. Ayer, en la Diada, cientos de miles de personas llenaron las calles y lo único que se os ocurre es mentir con las cifras o decir que son más bajas que otros años. Y no realizáis ni medio segundo de reflexión para aceptar que, después de tanto tiempo, de tantas movilizaciones ciudadanas impecables, es una anomalía social en medio de una Europa abúlica, acomodada y sin semejante capacidad de respuesta pacífica. Y cuando digo Europa, incluyo a España, entretenida en descalificar al pueblo catalán en vez de revolverse contra quienes acumulan tantos y tantos casos de corrupción. Porque, al parecer, no pasa nada… ya está bien… un millón de euros más o menos… bueno… es lo que hay, ¿no? ¿Dónde está el mando de la tele?

Sigo siendo independentista porque ya no queda ni una sola manifestación de la cultura catalana que no haya sido masacrada verbalmente o llevada al terreno de la parodia por parte del ejército de políticos, periodistas o usuarios de las redes sociales con patriotismo low cost en sus venas y ni una sola célula que les permita reconocer la diversidad como un valor enriquecedor e integrador de sociedades. Habéis arrasado con todo. Ya no queda nada que podáis menospreciar o ridiculizar.

Sigo siendo independentista por esa obsesión compulsiva para humillar que me ha llegado especialmente estos últimos años. En esa España rancia y autoritaria, que existe aunque se niegue,  anida el primigenio deseo de humillar. Es así. Está cada día en las tertulias monotemáticas, en las portadas, en los mitings. Esto lo perciben todos los colectivos que, de una manera u otra, son prejuzgados y condenados por la razón que sea: su color de piel, su orientación sexual, su origen… Está en el ADN de los supremacistas. Es así. Otra cosa es que estos colectivos digan basta, que se manifiesten y que hagan saber a los demás que ya están hartos. Los ciclos históricos se alimentan de personas que están hartas de no tener derechos y que luchan contra privilegiados poderosos que se los niegan.

En serio, dejad de jugar al marido abandonado o a la esposa abandonada. Olvidaros del síndrome del abandonado. No somos de nadie. No os pertenecemos. Somos seres únicos, irrepetibles y libres. Con nuestros defectos, sí. Con una capacidad de autocrítica que deberíamos ampliar. También. Pero nadie es de nadie. Nadie pertenece a nadie. Ni aquí, ni en ningún sitio. Y, digámoslo claro: si no nos dejáis votar es porque teméis perder. Os movéis por miedo, miedo a perder privilegios, a perder casi el 20% de PIB, el 24% de los turistas, el 24% de los ingresos por impuestos… Es miedo. 

Y sigo siendo independentista por esa izquierda española que me ha decepcionado. Mucho. Porque se llena la boca cuando los conflictos de autodeterminación están lejos. Cita a todos los intelectuales que puede, como si ser leído fuese una garantía de valentía, pero invisibiliza a otros. Se acurruca en la revolución de los tuits y de las tertulias, bien arrimadito al calor del poder, agarradito a la silla, equidistante, muy equidistante, porque esta izquierda no es de este mundo, levita en su imparcialidad. Nunca más. En serio. No me servís. Sois incompatibles con mis sueños.

Quiero dejar de ser independentista de una vez. Estoy harto. No quiero Diadas reivindicativas. No quiero celebrar derrotas. Quiero un país normal, con un parlamento normal, con disputas políticas normales… sin guardias civiles registrando imprentas o revistas, sin políticos que me comparen con un nazi o un terrorista, sin tener que soportar el ridículo de ver cómo hay gente que a un referéndum lo llama golpe de Estado… Votemos. Votemos sí. Votemos no. Somos las papeletas y las urnas. Todos los catalanes. Decidamos. Acertemos o no. Plantemos cara al futuro y, si no nos gusta, inventémoslo. Seamos lo que queramos ser. Digámosle al mundo: así es como tengo intención de vivir. Así es como quiero que vivan mis hijos. Pero hagámoslo ya. Pacíficamente. Cívicamente. Democráticamente. Y, sobre todo, si eres catalán y no estás de acuerdo ni con las comas de este texto: vota no y todo seguirá igual. Que, supongo, es lo que quieres.

nou final

Pots seguir el BLOG SOCIETAT ANÒNIMA a:

logotw Twitter @blogsocietat 

UnknownFacebook

tumbñTumblr

Anuncis