Cuando se te va la castaña @libertaddigital

libertaddigital

Estimada, o no, periodista (?):

Hay momentos en la vida en los que se te puede ir la castaña. En estos segundos de desorientación espacio-temporal puedes acabar en la casa de las bolas de un parque infantil cantando temas de Xuxa o apuntándote a un curso de preparación al parto aunque te llames Manolo y tengas bigote. Esta pérdida momentánea de la razón puede ser causada por el estrés, el nivel de alcohol en sangre o esa estupidez que te acompaña desde que eras parvulito y te comiste varias tizas de colores en la guardería pensando que eran chuches. Aunque lograras captar la atención de tu familia, que observaba tus heces esperando encontrar las primeras cacas multicolores de la historia del ser humano, tu gran problema será que la anécdota formará parte de las cenas de Navidad a partir de entonces y explicada a tus hijos con todo lujo de detalles: ¿sabéis lo que hizo una vez vuestro padre en la guardería? Se zampó varias tizas de colores y su caca parecía un concierto de Coldplay.

Lo cierto es que la vida te ofrece numerosas posibilidades para parecer idiota. Supongo que alguna vez habrás visto esos programas de televisión que recopilan vídeos en los que seres aparentemente inteligentes deciden hacer cosas ridículas: gente que se come una cucharada de canela y que no se ahoga de milagro, otros que hacen arriesgadas piruetas con monopatines y se dejan los testículos en una barandilla, presidentes de gobierno que se lanzan a la aventura de hablar sin ningún texto escrito y que sueltan perlas del tipo “los españoles son muy españoles y mucho españoles”… Los momentos ridículos protagonizados por personas con aspecto normal a las que se les va la castaña, llenan horas y horas de vídeos en YouTube, que se convierte en una especie de museo de la estupidez humana. Estos días también los periódicos se han querido disfrazar de museos de la estupidez. El proceso independentista catalán ha sometido al establishment patriótico-español a un estrés que no veía desde que el cuerpo de Franco entró en modo OFF y Carlos Arias Navarro, con sus orejas translúcidas y su sollozo-eructo, dijo aquello de “españoles, Franco ha muerto”. Hay nervios. La cosa se ha puesto más tensa que una lectura de poesía en el plató de Gran Hermano. Y es que las chorradas que he leído darían para varios tratados de psicología clínica. La peña está muy mal. En serio. O falta sentido del humor o más sexo… o las dos cosas. A la vez, no, eso sí. En todos los manuales de sexología te dicen que hay tres cosas que debes evitar durante el coito: pelar cebollas, jugar a Candy Crush y reír. Es incompatible.

El caso es que hoy he leído tu titular y empiezo a pensar que hay españoles que me caéis mal. No sé… es como una especie de desafección, de antipatía, de rechazo que voy incorporando a mi identidad. No es nada personal… o sí. Lo cierto es que me empieza a resultar difícil oír palabras como “España” o “español” y que mi cuerpo no reaccione negativamente. Es como cuando alguien dice “Síndrome de Melkersson-Rosenthal”. No mola. No tienes ni idea de quiénes fueron Melkersson y Rosenthal pero te visita la intuición de que no puede ser nada bueno. Y es que si leo que “los separatistas usarán (usaremos) viejos inválidos y niños de pecho como escudos humanos” pienso dos cosas:

a) La peña está fatal y el periodismo peor.

b) Si insinúan que utilizaremos escudos humanos es que nos quieren bombardear. Y claro, si ligas el punto a) con el punto b) inmediatamente llegas a una conclusión c)

c) A lo mejor hay más psicópatas de los que me pensaba.

Y qué quieres que te diga: yo en la pirámide de Maslow estaba por arriba. No sé si me sentía autorealizado pero sí había superado las necesidades de seguridad. Ya sé que ahora los guardias civiles se pasan el artículo 18.3 de la Constitución por la punta del tricornio y miran a contraluz los sobres (en plan marido celoso que consulta los whatsapps de su pareja o le huele la ropa por si emite aromas de macho). También sospecho que un día te puedes encontrar a un picoleto dentro de tu buzón en medio de anuncios de pizzerías. Pero no quiero bajar niveles en la pirámide de Maslow. Me lo he currado. He intentado ser un adulto centrado y con la sensación de sentirse seguro en este valle de lágrimas que es la vida de un tipo gris de clase media. Y si leo que vamos a vestir a pobres abuelos inválidos o a lactantes con chalecos fosforescentes para que se vean bien y los vamos a poner en medio de un bombardeo gentileza del ejército español… no sé… como que me da mal rollo. ¿Has pensado en escribir sobre cómo pelar cebollas, jugar a Candy Crush y reír? Y, sobre todo, ¿has pensado en cómo poder combinar estas actividades con unas sanas relaciones de pareja? Ya que se te va la castaña, al menos podrías escribir un tratado sobre la multitarea.

nou final

Pots seguir el BLOG SOCIETAT ANÒNIMA a:

logotw Twitter @blogsocietat 

UnknownFacebook

tumbñTumblr

Anuncis