¡¡¡DIGNIDAD!!!

rajoy

Has estado leyendo durante años La Razón, el ABC, El Mundo, El País… Has visto las televisiones españolas… Has escuchado las tertulias de las radios… Incluso, has visto los aquelarres de Intereconomía y 13TV. Quizás te han convencido. Quizás te has creído el relato. Es el relato oficial. Una visión del conflicto. Un punto de vista. Uno. Es un relato con altavoces muy potentes. Son altavoces que no dejan oír otras voces. Voces que han estado silenciadas de tu espacio público una y otra vez, cada día durante siete largos y agotadores años. Muchos de vosotros nos habéis menospreciado o insultado. Hemos sido los malos del relato. Había días que parecía que las ciudades catalanas estaban llenas de barricadas cuando en realidad existía una tranquilidad total. Se nos ha menospreciado. Se ha invadido cada uno de los aspectos de la sociedad catalana para humillarlos y para convertirlos en poco menos que basura. Se ha tergiversado la Historia. Se ha mentido. Hemos sido el recurso electoral favorito de los fascistas de siempre y de la peor de las izquierdas que podía tener este país. Vuestro país. Porque yo ya no considero España como mi país. Me avergüenza. Con todos sus encantos (que los tiene), con todas sus buenas gentes (que las tiene) y con todas las conquistas sociales (que, por supuesto, las tiene) ya no lo siento como mi país. Ni hoy, ni nunca. Se acabó.

Os han secuestrado España. Os han secuestrado incluso sus símbolos y ahora ya es la historia de algo que pudo ser y no fue. Os han robado España. Delante de vuestras narices. Han convertido los tres poderes (más el cuarto que es la prensa) en uno solo. Han saqueado las arcas públicas como han podido. Se han puesto el jersey en los hombros, han lucido las joyas como nuevos ricos, se han embadurnado de gomina y os han robado el país.

Me avergüenzo de España. No es mi país. No tiene más proyecto que el autoritarismo y la represión. Eso no es un proyecto de país sostenible. No es un país inclusivo. No acepta la diversidad, ni su complejidad. Y bajo el mantra de la unidad sólo hay una idea: someter a todos a SU visión monolítica de la realidad.

A Rajoy y a sus lacayos, los catalanes no le importamos nada. Aún resuena en la mente de muchos su frase “me gustan los catalanes porque hacen cosas”. ¡Por favor! No nos quiere escuchar. Nunca habla de la calle. No menciona las millonarias movilizaciones pacíficas. Un año y otro año. Rajoy os habla a vosotros. A los del relato oficial. Rajoy es un monologuista nefasto, con el mismo texto y el mismo público cada día: la Constitución que nos hemos dado… la ley… el estado de derecho… los españoles… ¿Creéis que nos importa ya algo ese discurso vacío? Nos mueve la dignidad, el querer ser. Nos mueve la ilusión de poder decidir. Nos mueve la democracia. Somos la calle. Nadie os ha dicho que esto va de abajo arriba. Nadie os ha dicho que esto es transversal. Y nadie os ha dicho que esto empezó cuando el que os habla de leyes (y sus lacayos) decidieron que el Estatut que votó el Parlament, que votamos los catalanes y que votó el Congreso y el Senado, debía ser recortado. Porque sí, porque se tenía que negar que somos una nación, que nos sentimos una nación, o que queremos ser mejor tratados económicamente.

Tenemos a cargos inhabilitados, leyes de nuestro parlamento suspendidas por el Tribunal Constitucional, registros, detenciones… Es un burdo intento de humillarnos, de someternos. Y ya basta. Hasta aquí hemos llegado. Quedaros vuestra España. Gestionarla como queráis. Decidid qué modelo social, político y económico queréis. Pero dejadnos tranquilos de una vez. De alguna manera, ya nos hemos ido. Y vuestro presidente sabe, es plenamente consciente, de que tarde o temprano habréis perdido a Catalunya definitivamente. Y sabe que él será el presidente y que su foto aparecerá en los libros de Historia.

No podemos querer a España “por cojones”. Eso no es amor. No tiene absolutamente nada que ver con el amor. Rajoy nos exige la rendición. No ha entendido nada. Queríamos votar. Queremos votar. Los del sí y los del no. Era democracia. Era dignidad.

nou final

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