El acorazado Piolín

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Estimadas, o no, fuerzas de turismo policial:

Durante muchos años el imaginario colectivo catalán especuló con la posibilidad de que los tanques del ejército entraran por la Diagonal para reprimir nuestras aspiraciones soberanistas. Lo que nadie pudo imaginar, ni bajo la acción de potentes psicotrópicos, fue que esas fuerzas se alojarían en el Acorazado Piolín. Son de esas pequeñas cosas que hasta te hacen mirar con cierta ternura al ejecutivo español. Piensas: hasta para eso son unos inútiles. Y es que según datos de Alphaliner, existe un total 5.966 barcos activos en el transporte marítimo regular. Pues bien, de todos esos buques, el siempre eficiente gobierno presidido por Plasman ha decidido que os hospedéis en dos divertidos barcos. Deben ser magníficas la casa de pelotas de goma y la guardería ACME de tricornios con pósters del Correcaminos. Sólo puedo lamentar que el genio de Berlanga nos dejara tan pronto.

El caso es que, como todos los de mi generación, crecí con esos inolvidables personajes de la Warner. Me reí con ellos, crecí y pasé grandes tardes en su compañía. Lo mismo les sucede a muchos niños y niñas en la actualidad. Piolín, el Pato Lucas, Bugs Bunny (“¿qué hay de nuevo, viejo?”) forman una parte muy importante de su equipaje emocional. Viendo estos barcos, me doy cuenta de que nos separa una Constitución, una monarquía, unas políticas castradoras por parte del gobierno central y unas ideas sobre el proyecto de España como país que simplemente no compartimos. Lo que sí estoy seguro que compartimos son estos personajes. Vosotros también crecisteis con ellos y estoy convencido de que una parte muy importante de vuestro consumo televisivo estuvo en las aventuras de Speedy Gonzales o el Gallo Claudio (“es una broma, digo, es una broma, hijo”).

Pienso en cómo deben ser las horas que estéis dentro y mi enfermiza imaginación de bloguero no para de funcionar. He visto fotos del interior y os imagino echando de menos a la familia. Cuando veáis la decoración muchos pensaréis en vuestros hijos pequeños. Es probable que os hayáis hecho fotos con vuestros móviles y que se las hayáis enviado. Por un instante, el mundo que os rodea parecerá otro. Nosotros, los independentistas, también tenemos hijos. Y sí, compartimos con ellos sesiones de dibujos animados. Entramos en ese mundo de ficción, de colores estridentes, batacazos y efectos de sonido con la misma ilusión que vosotros. Esto me lleva a recordar una canción que escribió Sting en plena guerra fría. Se llama Russians y hay un párrafo especialmente memorable:

Créeme cuando te digo,

que espero que los rusos también amen a sus hijos.

Compartimos la misma biología, independientemente de la ideología.

Pero lo que podría salvarnos, a mí y a ti,

es que los rusos amen a sus hijos también.

No sé qué sensaciones tendréis en estos momentos. Entre vosotros habrá de todo: violentos, padres, solteros, personas con una inteligencia emocional potente, imbéciles con los que jamás te irías de vacaciones y hombres encantadores. Uno llega a la policía o a la Guardia Civil por diferentes razones y lo último que haré será poner a todo el mundo en el mismo saco. Sin embargo, vuelvo a mirar los barcos y algo muy potente se rebela en mi interior. No soporto las injusticias. Y muchos indicadores que he recibido durante todos estos años me reafirman en la idea de que no poder votar en un referéndum de autodeterminación es injusto. Porque silencia voces, ningunea multitudes y somete voluntades. Como fue injusto que las mujeres no pudieran votar, como fue injusta la segregación racial o que los trabajadores no tuvieran ningún tipo de derecho laboral. Y había leyes en aquella época. Leyes que se tuvieron que desobedecer.

Sólo espero que cuando estéis delante de una multitud que quiere expresarse, a la que no le gusta que la silencien, que espera poder reivindicarse de forma pacífica con instrumentos como urnas y papeletas, la imagen de Piolín se cuele en vuestros pensamientos y que con su ingenuidad y su fragilidad os haga sonreír al recordar la frase: “me paresió ver a un lindo gatito”.

nou final

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