La porra contra la piel

el grito

Calma tensa. Risas nerviosas. Alguien se hace una foto y tuitea un “ja sóc aquí”. Aparecen urnas. Aplausos. Alguna lágrima. Complicidades que dan la bienvenida al sol. Ha llegado el día. Ya hay una multitud. Aparece la bestia. Silencio. Todo el mundo sentado, juntos. Ya está aquí. Muy pronto, ¿no? Déjanos respirar. Soñar un poco. Nos lo merecemos. Somos libres. Somos muchos. La bestia avanza. Sólo se oyen sus pasos. Las palabras se esconden. La porra contra la piel. Gritos. Empujones. Una anciana en volandas. Una joven arrastrada por el suelo. Sangre en el asfalto. Camisetas rotas. ¿Cómo te llamas? ¿Quién eres, bestia? Nunca curarás a nadie. No construirás edificios. Jamás enseñarás a leer a los niños. ¿Aún no lo sabes, bestia inmunda? Te han dado esta porra porque es lo único que sabes hacer. ¿Qué te pensabas, listo? ¿Creías que tu sitio era la creatividad, inventar mundos, enriquecer vidas con tu prosa? Despierta, bestia. Aterriza en lo que eres. ¿Tienes hijos? ¿Qué les dirás cuando llegues a casa? ¿Qué hiciste en ese lugar, papi? Arriba. Abajo. La bestia mueve su porra con rapidez. Agita el viento que escapa del dolor. Una mancha de sangre en tu traje molón. Supermierda en una peli de ciencia ficción. Mirada encendida en sangre. Te pica la nariz. ¿Por qué será? Cafeína en vena y un motor de odio por corazón. No sabes que delante tienes personas. Has perdido el mundo de vista. O quizás, simplemente, has perdido el mundo. Vives en tu mente perturbada, bestia, sádico, psicópata legal. ¿Te gusta el olor de la sangre? Disfrutas con tu trabajo. ¿Te lo llevas a casa? Resulta difícil hacer un hueco a la ternura o a la sensibilidad. La bestia se olvidó de vivir. Cedió su vida a la lealtad. Una bandera. Un himno. Sin vida propia hay mucho que llenar, no sea que el vacío te devuelva a la realidad.

Y delante la vida. Enfrente tuyo, proyectos. El antepenúltimo golpe se lo has dado a un estudiante de Derecho. Pobre iluso. Vive en un lugar en el que las leyes se imponen con sangre. El penúltimo porrazo lo regalaste a un poeta, de esos que miran la luna y dibujan versos. El último golpe se lo llevó una madre, alguien que trajo vida al mundo. Una heroicidad en estos tiempos confusos. ¿Qué es el amor, bestia? ¿Y la belleza? ¿Qué es llorar de emoción, reír de alegría, ganar almas con sabiduría? No lo sabes, bestia. Nunca lo sabrás. Cuando la violencia es tu vida, todo esto queda atrás. Se evapora en cada golpe, en cada patada voladora, en cada intento de estrangulamiento cuando tus manos te cierran puertas que jamás podrás abrir. Te odiaría si fueses algo, si tuvieses valor. Pero eres… nada. Un error del sistema. La ecuación incorrecta. La tara. La grieta.

¿Se fue ya la bestia? La bestia que no puede escapar de la bestia, que perseguirá sombras y que nunca encontrará su lugar. Mañana estaremos tú y yo. Mi vida. Te quiero. Nuestras manos conquistarán el mundo. Soñaremos en grande. Un sueño XXL. La venganza vendrá en forma de palabras. Declaraciones. Afirmaciones. Quiero ser yo. Me lo he ganado. Recuerda, bestia, que el papel siempre gana a la piedra.

Vull dedicar aquest text, amb tot l’afecte del món, als valents. A les persones que van defensar urnes el passat 1 d’octubre, als ferits i a tots els herois anònims que van votar. Per molt que cridin, per molt que amenacin, per molt que colpegin, mai arribaran ni a un sol segon de la vostra valentia.

nou final

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