Espacios de odio

españolajudía

Estimada, o no:

Creo que no me equivoco si digo que todos tenemos algo parecido a una caja de recuerdos. Puede ser una maleta, un cajón o uno de esos recipientes de plástico que venden en los bazares. En ellos guardamos fotos, entradas de conciertos, mapas de las ciudades que visitamos… Hay rostros amigos. Miles de recuerdos. Personas que ya no están nos miran desde el papel con la mejor de sus sonrisas. Tampoco creo equivocarme si afirmo que en esas maletas, en esos cajones o en esos recipientes de plástico que venden en los bazares, estamos nosotros. Son fragmentos de nuestra vida. Somos nosotros. La vida vivida. La vida como meta. Está todo aquello que hemos amado. ¿No te gusta recuperar esos instantes que enlazamos con otros instantes y con otras personas? A mí sí. Me produce una enorme nostalgia. A veces esa mirada retrospectiva me hace sentir tan frágil como una pluma. Pero me reconcilia con el pasado y, sobre todo, me hace sentir vivo. La vida como principio y fin.

Leo tu tuit y me sorprenden los verbos: cerrar, disolver, intervenir, prohibir. No sé si en próximos tuits emplearás verbos como pisotear, aplastar, golpear, o ya puestos, matar. Una vez que uno se siente con el derecho de organizar la vida de los demás, ya no hay límites. Cuando el 84% de la población se siente con el derecho de tomar decisiones sobre el 16%, ya no hay límites. Y es ahí, en ese momento, cuando ya no importa nada. No importa el diálogo, por ejemplo. ¿Qué diálogo? ¿De qué hablar? Cuando la otra parte no te reconoce, no hay mucho de qué hablar. Nadie negocia con el hombre invisible. Nadie ama al hombre invisible.

Creo que la vida nos da espacios. Desde el segundo uno, o si quieres, desde ese instante en el que rompemos a llorar por primera vez al nacer, tenemos ante nosotros una enorme cantidad de espacios por llenar. Esos espacios se pueden llenar con indiferencia, con odio o con amor. Supongo que es un proceso de elección, como el que nos hace llenar maletas, cajones o recipientes con aquellos objetos que consideramos importantes. Y tengo claro que si no somos capaces de llenar esos espacios con amor, la indiferencia o, peor aún, el odio, los ocuparán. No me siento capaz de definir qué es el amor. Pero creo que está más relacionado con la empatía, la sensibilidad y el respeto, que con cerrar, disolver, intervenir o prohibir. Porque, te lo creas o no, los catalanes existimos, no somos invisibles. Tenemos dignidad. Tenemos derechos. Y, sobre todo, tenemos el extraño vicio de querer decidir sobre nuestras vidas.

He visto en tu perfil que te defines como sionista. Déjame que te explique una pequeña historia judía. El Rab Leib Jasman, supervisor espiritual de la Ieshivá Jevrón, en una ocasión vio a un estudiante comiendo pescado con mucho entusiasmo. Él le preguntó:

– “Dime jovencito, ¿amas el pescado?, le preguntó.

El estudiante respondió afirmativamente. Entonces el Rab Jasman dijo:

“Si amas el pescado, entonces deberías haberte preocupado por el que tienes en tu plato. Deberías haberlo alimentado e intentado que fuera feliz. Pero en cambio lo estás devorando”. Mientras el estudiante buscaba una respuesta adecuada, el Rab exclamó: “Obviamente, tú no amas al pescado.

nou final

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