La paja en el ojo ajeno

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Estimado, o no, El Confidencial:

Dijo Woody Allen que “lo mejor de la masturbación es el final: los cariñitos”. Bueno, también dijo “no te metas con la masturbación. Es hacer el amor con alguien a quien yo quiero”. Y en ese trasiego de autoestima, tablets, móviles, sexo virtual y periodismo virtual nos movemos. Es el siglo XXI, la globalización, en contraste con actitudes endogámicas y patrioteras. Otra forma de masturbación, supongo.

El caso es que he visto vuestro titular y he realizado un cierto ejercicio de pseudopsicología inversa. Vuestra teoría es que las tensiones del proceso independentista han disminuido el consumo de porno on line en Catalunya. Por cierto, ya me gustaría saber si se ha tenido en cuenta la estancia de tantos policías y guardias civiles ociosos en barcos y hoteles, lejos de sus parejas. Los estudios, o se hacen bien, o no se hacen.

No voy a discutir la teoría (al fin y al cabo, de porno y doble moral la derecha sabe mucho. Eso sí, con el jersey sobre el hombro y esa cara de niños buenos en las manifestaciones en las que acompaña a la Conferencia Episcopal, uno llega a preguntarse si ha dejado de tener erecciones para no molestar o si las “nuevas generaciones” también se empalman, como decía Quique González en una maravillosa canción). Lo dicho, no voy a discutir vuestra teoría. Si sois felices, adelante. Es mejor hacer estudios imbéciles que veros en una manifestación con ganas de romperlo todo. Sin embargo, hay una cierta visión sobre el tema que me gustaría exponer. Más allá de los valores cinematográficos del porno y del gusto del espectador por las piscinas privadas y el interiorismo (de las mansiones), lo cierto es que en muchas ocasiones resulta ser un sustitutivo (como la metadona, los parches antitabaco o los tribunales en ausencia de política). Por eso, yo me pregunto, ¿no será que la disminución del sexo virtual se ha producido por un incremento del sexo real? Quizás los catalanes estamos más contentos, más necesitados de exteriorizar nuestras ganas de vivir, más comunicativos, más afectuosos. Quizás la perspectiva de una independencia nos ha cargado con las hormonas de la felicidad. Me sorprende que los que ganan millones con sus páginas web no hayan tenido en cuenta esta variable en su fórmula. Sexo real. Personas que se desean y que comparten la llamada de la selva en plena armonía. Algo que, viendo determinadas caras en las tertulias de las televisiones españolas, uno llega a preguntarse si se ha perdido.

Este estudio tampoco ha tenido en cuenta el mensaje subliminal que se ofrece: “con la Constitución que nos hemos dado, nos masturbamos más”. Quizás sea hora de que el artículo 69 de la sacrosanta Carta Magna no se refiera al Senado sino a otras cosas. En fin, ya que estamos en una época extraña, con estudios extraños, en los que se intenta humillar a los catalanes desde todos los frentes, hago una petición desde aquí a alguna farmacéutica: quiero saber si el consumo de antidiarreico aumentó en España a causa del proceso independentista. A lo mejor nos llevábamos alguna sorpresa en las farmacias cercanas a la Moncloa. Ya se sabe: vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro (nunca mejor dicho, por cierto).

nou final

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