A Platón no le caería bien Ana Rosa Quintana

carlosbobo

Estimado, o no:

¿Qué harías si te dijera que buscaras a Platón? ¿Te acercarías al lavavajillas o a la librería? Ya lo sé, se trata de uno de esos enigmas vitales que debemos resolver cuanto antes para no hacer el ridículo. Y es que, como dijo Forrest Gump: “la vida es como una caja de condones. Nunca sabes cuándo se te van a romper”.

Ahora que no nos escucha nadie y en señal de amistad, te diré que si necesitas un lugar en el que poner un huevo frito de avestruz, vayas al lavavajillas para buscar un platón . En cambio, si lo que precisas es entender la actual situación política en España, te dirijas a la librería y busques la República (la de Platón, la catalana ya la estamos buscando nosotros). En este famoso libro se explica una de las historias más ejemplares de la historia de la filosofía. Digo ejemplar porque tanto sirve para hacer películas (Matrix, por ejemplo), como para definir el espacio mental catatónico de la estirpe de Mariano Rajoy. Te lo explico:

Imagínate una caverna (de momento, sin Federico Jiménez Losantos). En su interior hay unos prisioneros que sólo pueden mirar hacia la pared del fondo de la caverna. Ni siquiera se pueden girar. Detrás, hay un muro con un pasillo, una hoguera y la entrada de la cueva que da al exterior. Por el pasillo del muro caminan hombres y mujeres que llevan todo tipo de objetos (una Constitución, la bandera de España, una camiseta de la Roja, el DVD con el discurso de Navidad del rey…). Gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en la pared las sombras de estos objetos, que los prisioneros pueden ver. Para estas personas, la verdad son las sombras de los objetos. No conocen nada más. Digamos que los discursos políticos, la FAES, el IBEX 35 de la caverna, los titulares de los periódicos y el 100% de los tertulianos les encadenan para que miren el fondo de la caverna.

Ahora imagínate que una de estas personas fuese liberada y pudiese salir de la cueva. Vería la realidad. Por decirlo de alguna manera, una realidad más real, ya que ésta es causa de la que ha visto toda su vida, la que le han explicado. Imagínate que ve que, por edad, la Constitución solamente la pudieron votar bastante menos del 40% de los actuales votantes, que la bandera de España no abrigará mucho si el sistema de pensiones se colapsa, que la camiseta de la Roja no garantiza la separación de poderes o que los discursos de Navidad los da una persona elegida por vía espermática y que ni siquiera ha pasado por un test psicotécnico para ocupar su puesto de trabajo. Ve que España es multicultural y multilingüística, que Franco fue un cabrón genocida, que la Transición fue un enorme pacto de silencio en el que los asesinos no pagaron sus deudas, que la distribución territorial de las inversiones es profundamente injusta, que gobierna el partido más corrupto de toda Europa, que sí, que el 1 de octubre hubo una extrema violencia policial en Catalunya y que los más de dos millones de votos independentistas de aquél referéndum son absolutamente reales como ha confirmado el 21D ¿Sabes lo que dice Platón que le sucede cuando esta persona vuelve a la cueva? Se burlan de ella. Dicen que le ha cegado el sol, que es un paleto, que vagará por el espacio sideral, que mire su DNI, que se siente y se ponga a mirar las sombras de la cueva, que está a punto de empezar el programa de Ana Rosa Quintana.

La alegoría de la caverna acaba mal. Platón asegura que cuando este prisionero coge el mando a distancia de la tele para apagarla y se dispone a desatar a sus compañeros, éstos son capaces de matarlo. Por eso, lo mejor sería cerrar el libro un poco antes y ser nosotros los que escribamos la Historia. Eso sí, con educación, respeto y un poco más de amor por nuestras lenguas maternas.

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