La ínsula Tabarnaria

tabarnés

Estimado, o no:

Lamento no entender del todo el tabarnés pero me ha parecido una interesante mezcla de castellano, la jerga que hablan los Minions y alcohol de alta graduación. No sé si has intentado decir algo o es que te has sentado encima del móvil mientras llorabas por no ver a Inés Arrimadas de presidenta. Sin ánimo de poner sal en la herida te diré que te tendrás que conformar con que, después de Rosa de Operación Triunfo, sea la andaluza que más lejos ha llegado en un casting. En todo caso, y como me encanta la ficción, estableceré contacto contigo desde el mundo real con la esperanza de que te conviertas en un personaje más de ese género tan español como es el esperpento.

Estos días vengo dándole vueltas al tema de Tabarnia (ese país ficticio que se han inventado en Ciudadanos) y tras echarme unas sanas risas navideñas procedo a expresarte mi opinión (que ya sé que no te interesará lo más mínimo pero lo hago con ánimo de molestar, que para eso hoy es el Día de los Inocentes). Convendrás conmigo que el segundo libro más importante de la ficción española es el Quijote. El primero es la Constitución, obviamente. Pues bien, su protagonista es un tipo que está más desorientado que una croqueta en el menú de la Zarzuela. De tanto leer libros de caballería un día se levanta con la idea de que puede salvar al mundo. ¿Te recuerda a Albert Rivera? A mí no. Al Quijote no le subvencionaba el IBEX 35.

Lo que te decía, el Quijote se sube a un caballo en compañía de Sancho Panza y se mete en todo tipo de problemas a causa de sus alucinaciones. Lo bueno de la historia es que al viejo hidalgo le dan de hostias en Catalunya, gracias a lo cual empieza a recuperar el juicio. Es lo que les sucedió a los antidisturbios el 1 de octubre… pero al revés.

Del mundo quijotesco hay un concepto divertido: la ínsula Barataria. Se trata del sueño que el Quijote inocula en la mente de Sancho para que le acompañe en su viaje. Con la promesa de hacerle gobernador de la ínsula Barataria, el bonachón escudero es seducido por el caballero. “Sancho amigo, la ínsula que os he prometido no es movible ni fugitiva: raíces tiene tan hondas, echadas en los abismos de la tierra, que no la arrancarán ni mudarán de donde está a tres tirones”, le dice el duque al escudero. En la falsa ínsula Barataria, Sancho Panza ejerció de gobernador durante varios días. Pero todo es una farsa de la que acaba huyendo. El show de Truman en La Mancha.

Y así estamos: promesas que son farsas, farsas que promueven falsos debates, medios de comunicación que comercian con promesas y farsas y ciudadanos que se lo comen todo bien masticadito por el miedo al cambio. No lo digo yo, lo dice Cervantes: “la falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arrastrándose, de modo que cuando las gentes se dan cuenta del engaño ya es demasiado tarde”.

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